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Higuaín, el delantero del ‘casi’

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El columnista David Gistau suele contar que fue testigo directo de la eclosión de Gonzalo Higuaín en un River-Boca del torneo Apertura 2006. El ‘Pipita’ marcó dos goles, uno de ellos escandaloso, y eclipsado por el acontecimiento, Gistau preguntó a sus amigos porteños qué pinta tenía ese delantero. La respuesta fue escueta: ‘Pseé’’. Blanco y en botella: Higuaín era uno más del montón. Quizá por esa sensación de mediocridad, poca gente entendió que el ex presidente Ramón Calderón pagase doce millones y medio por un delantero desconocido para el gran público y que, ni siquiera, venía con esas ínfulas maradonianas con las que los dirigentes argentinos suelen tasar a sus promesas. Tampoco ayudó que un tótem en el Bernabeu como Alfredo Di Stefano comentase un día en forma de chascarrillo que “Higuaín necesitaba varios disparos para clavar una”, respondiendo al sambenito del ‘delantero del casi’ que la grada le había encasquetado. Sin embargo, lejos de acobardarse y dejarse engullir por la exigencia imposible de un club como el Madrid, el delantero entendió a sus diecinueve años que su actitud debía ser la de los deportistas serbios que pelean y pelean hasta la extenuación por un objetivo común casi divino, la grandeza de su nación; en el caso de Higuaín, lucharía para no decepcionar a su ego ni a su padre, Jorge, también ex futbolista que sólo llegó a jugar en el Brest francés.

Pero la actitud guerrillera de Higuaín no sólo viene de sus ansias por demostrar al mundo que no es un paquete. En un día de pretemporada con Manuel Pellegrini, el entonces director general Jorge Valdano se acercó a su compatriota y le contó una anécdota que el ‘Pipita’ jamás  olvidaría, al menos, hasta su reciente salida del club. Cuando Valdano fue nombrado entrenador merengue en el verano de 1994, su ayudante Ángel Cappa y él pidieron al presidente Mendoza el fichaje de Eric Cantona para colocarle de delantero. En principio, el técnico había dejado claro que Zamorano iba a ser su “quinto delantero”, declaración de la que se arrepentiría durante la pretemporada de aquel año en Nyon. A Valdano le gustaba participar en las pachangas de sus chicos para sentir más cerca la intensidad con la que entrenaban; y de repente, en un lance, el entrenador recibió un balón y justo fue rebañado por el chileno tumbándole sobre el césped. Desde el suelo, Valdano le preguntó:”¿Siempre entrenas así o sólo cuando odias a tu entrenador?”. Aquel mensaje le llegó al alma a Bam Bam, que peleó en cada sesión como si le fuera la vida en ello.

Higuaín comprendió que su talante era precisamente el de Zamorano, el mismo que les había valido a Fabio Capello, Bernd Schuster, Pellegrini y también a Mourinho, quien nunca decidió deshacerse de él, ni siquiera el pasada verano, cuando el Paris Saint Germain estuvo a punto de preparar una oferta mareante. “Quien quiera a Higuaín, que prepare los 150 millones de su cláusula”, así zanjó el asunto un Mourinho que siempre sospechó del pasotismo de Benzema. El argentino no ha dejado de sortear obstáculos desde aquellas navidades del 2006: sus goles milagrosos del primer año en el Vicente Calderón y, sobre todo, en la agónica remontada contra el Espanyol contrastan con los malos tragos que le han ido restregando en la cara tanto la prensa como parte de la afición en forma de pitos. Uno por encima de todos: el fallo clamoroso contra el Lyon a puerta vacía en la Champions del 2010, y otros igual de trascendentes pero menos gráficos, como el disparo a boca jarro que rechazó el portero del Borussia Dortmund la noche de la ‘casi remontada’ hace dos meses.

Sí, Higuaín es el delantero del ‘casi’, el de ‘muchos goles en partidos de chichinabo’ y, así, innumerables vaciles. Pero el Madrid no ha sabido desprenderse de él ningún año, a pesar de las ganas de Florentino Pérez por fumigar cualquier vestigio de la anterior presidencia. No hay que olvidar que Pedja Mijatovic fue su único valedor para traerlo a Madrid. Sin embargo, dejando los resquemores al margen, el actual presidente tendría que agradecer a la anterior gestión su fichaje: vino como un adolescente por un puñado de millón es y se va hecho un hombre con mil heridas de guerra en la mejor operación del Madrid (37 millones que podrían ascender a 40) desde la venta de Robinho al Manchester City por 43 ‘kilos’ o la de Anelka al PSG por 30. El antiguo tesorero de River Plate, Héctor Grinberg, justificó su fichaje por el Madrid diciendo que “por seis temporadas y media a razón de doce millones, la venta de Higuaín no había sido buena, sino buenísima”. Florentino no puede sentirse más orgulloso de sí mismo.

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Una respuesta a “Higuaín, el delantero del ‘casi’”

  1. adela dice:

    mejor haber vendido al indolente Benzema, y dejar en el equipo a Higuain.

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