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La mirada del tigre…que no tiene el Madrid

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Qué lejos queda la pretemporada del Madrid, sobre todo, con aquella bella factura que se cobró contra el Chelsea de Mourinho en la gira estadounidense. En aquel partido, los blancos funcionaron como un acordeón, dominando el balón en cada palmo del campo, anulando al Chelsea en cada jugada, emulando al Circo del Sol por momentos; el equipo se divirtió y empezó a cimentar la anunciada “espectacularidad”. Se intuían grandes fastos en el Bernabéu, con casi toda la mascletá preparada para la codiciada Champions y apenas unos cartuchos en una Liga ‘escocesa’ donde las orgías goleadoras estaban garantizadas a la espera del Barça. El presidente se fió de una apuesta ganadora (como presuntamente lo fue el portugués) y Ancelotti, viejo sueño de Florentino, tenía las mejores credenciales para comandar el nuevo portaaviones: “proyecto nuevo e ilusiones renovadas”, ésa fue la consigna en la planta noble del Bernabéu este verano. Pero nadie, ni los pretorianos más fieles del trienio olvidado (o quizá no tanto) hubieran profetizado un prólogo tan decadente, y eso que es el principio. Numerosos ‘analistas de flechas’ como Quique Ortego, Marcos López o Pedro Pablo San Martín se dedicaron en verano a gastar tintas especulando con el libreto de Carletto: que si 4-4-2 clásico, 4-3-3, doble pivote. posición en rombo…mil y un garabatos que anticipaban un Madrid poliédrico con recursos a granel. Sin embargo, mes y medio de competición ha revelado que este equipo todavía no tiene esa mirada de tigre que achanta a cualquiera. ¿Cuestión del míster? Se le paga para eso.

La alegría del derbi, y por ende de esta Liga, la protagoniza el Atleti más carismático desde que se fueron Juninho y Vieri. Entonces, la afición, por suerte cada vez menos sufridora, acudía al Calderón porque había algo emocionante que ver; el día que Simeone cierre ciclo en el club de sus amores se le nombrará hijo adoptivo del colchonerismo, porque él, y sólo él, cambió durante un tiempo la historia contemporánea de un Atlético triste, nostálgico del pasado y justificando sus continuos fracasos con la gran mentira del pupas. Los rojiblancos conciben el fútbol como los soldados en Salvar al soldado Ryan: jamás se deja tirado a un compañero. Arbeloa estaría encantado de formar parte de la disciplina de Simeone: su equipo sí que es un verdadero ejército de espartanos. Incluso, preparan los partidos con la misma mitología con la que el rey Leónidas afrontó la batalla de las Termópilas: en aquella guerra los soldados persas caían uno tras otro en un desfiladero, al igual que los jugadores del Madrid chocaban una y otra vez contra las emboscadas urdidas por Thiago, Gabi, Arda y Koke. Fue una lección táctica de Simeone a quien hay que reconocerle su magistral partida de ajedrez, por encima de la garra, el sufrimiento y los huevos que inculca día sí y otro también.

El Madrid no encontró el diamante perfecto para perforar el bloque granítico que tuvo delante y Diego Costa se doctoró en la promoción de los grandes cracks de la Liga. De su antecesor, Falcao, se decía que remataba hasta un microondas; el hispano-brasileño no sólo ejerce de killer de área, abre las defensas como si fueran hojalata y no se amilana ante temperamentos tan volcánicos como los de Pepe y Sergio Ramos. Es el delantero que todo entrenador querría tener pero del que nadie presume, al menos hasta este año, porque no suena políticamente correcto en este mundillo donde el marketing domina al fútbol. Diego Costa le debe mucho al ‘Cholo’, tanto como Rocky a Apollo Creed, porque el rojiblanco sí que tiene esa mirada del tigre. Y Del Bosque lo sabe: cada gol suyo agiganta un debate nacional que pronto no tendrá discusiones: ¿Negredo? Bien, pero aún no golea en Manchester; ¿Soldado? Dos goles de penalti en Premier League; ¿Llorente? Titular una sola vez en la Juventus. A Diego le vale con un desmarque para reivindicar una calidad no reconocida hasta hace nada.

Simeone sigue sin querer apostar por la candidatura liguera, “es demagógico decir que sí”, soltó en la sala de prensa del Bernabéú. Tampoco era el desafío impuesto por Jesús Gil a Radomir Antic en aquel gran año del 96, pero la apoteosis resultó descomunal. Y sus soldados rasos también tienen bien aprendido el discurso; por eso, ante la misma pregunta, Koke responde que son “candidatos a partido a partido”. Trabajar hasta morir, es la frase que deben esculpir en el dintel de la puerta del vestuario rojiblanco. Y, por cierto, a Koke no le queda mucho tiempo para jurar amor eterno a sus colores; centenares de clubes ya están redactando sus próximas ofertas a Gil Marín. ‘Koke tomó el Bernabeu’, dijo Tomás Guasch; esa frase vale más que cualquier título.

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2 respuestas a “La mirada del tigre…que no tiene el Madrid”

  1. tiofabio dice:

    Si por mi fuera Diego Costa nunca jugaría con España, que juegue con Brasil que es el pais donde nació, no quiero “macacos” nacionalizados en la selección nacional, por muy buenos que los periolistos digan que son.

  2. Optimista dice:

    Ojalá sea llamado a la selección en la próxima convocatoria de Del Bosque. Di Stefano, Kubala, Puskas, Rubén Cano, Donato, Catanha, Senna, Thiago Alcántara. Son muchos los jugadores extranjeros que han jugado con la selección. Nombro a los que se me han pasado por la cabeza a bote pronto. Vivimos en un mundo cada vez más global, donde el mestizaje de culturas es cada vez más pronunciado, y donde el sentimiento de arraigo a la tierra en la que se nace queda muchas veces relegado a un segundo plano por la tierra donde se ha crecido profesionalmente, como es el caso de este chico. A Diego Costa no se le conoce en su país. Salió de Brasil siendo un crio. Nunca jugó allí. Aquí se ha podido seguir su increíble progresión, lleva muchos años en España y, aunque no naciera aquí, legalmente es tan español como el ignorante que ha escrito antes que yo, o yo mismo. Quizá, el problema que puede tener es que tiene una imagen creada muy diferente a la imagen que tenemos de los jugadores mas representativos de nuestra selección. Buenos chicos con comportamientos modélicos. Me enorgullecen en muchas ocasiones. Mejoran la imagen que puedan tener en el mundo de España. Esta muy bien, pero, siendo sinceros, si yo pudiera elegir, preferiría tener a este tío a mi lado, con esa pinta y actitud desafiante, en lugar de enfrente.

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