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Messi para todo y todos

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El Barça de Guardiola creó una dinastía a la vez que provocó una maldición. Cualquier otra versión nunca sería tan perfecta, como mucho igual; ésa es la penitencia que acompañó a Tito Vilanova y de la que tampoco ha podido escapar el ‘Tata’. El ‘tiqui-taca’ perdura, aunque sin las revoluciones de antaño; los ataques se han vuelto estáticos, posicionales como en balonmano, pero el balón sigue siendo el condimento. Es el equipo de siempre con un tono más macilento y, por eso, quienes no simpatizan con los azulgranas entienden que la afición pida el caviar beluga de antaño. Tampoco el Milan invitaba a un festival made in  Circo del Sol, pero el fútbol es tan traicionero en sensaciones (no es frase de Valdano) que el Barcelona, sin haber perdido aún, deja un poso de insatisfacción, mientras que el Madrid, dicho con ordinariez, sin dar una patada a un bote le ha metido chicha a la Liga. Sin embargo, en Can Barça la hoja de ruta no debe sufrir tachones; más que nada, porque ellos y el Atleti la tienen más claro que nadie.

San Siro volvió a engañar al Barcelona con un Milan simplón, con una propuesta futbolística de ‘tabula rasa’, y en el que sus dos sorprendentes estrellas quemaron toda su popularidad en Madrid. Kaká se delató en veinte minutos, el tiempo que tardó en aclarar al madridismo que no eran tan pufo como presumía; Robinho nunca llegará a ser aquel “mejor jugador del mundo” que aspiraba en el Manchester City, y al menos no ha perdido el sentido del humor: le sigan gustando las filigranas aunque parezcan un vacile. Y eso que este Milan ya no es aquel equipo de geriátrico de hace años con Gatusso, Inzaghi, Pirlo, Zambrotta, Dida y compañía. No, ahora tiene dos brasileños en busca de una segunda juventud, y un buscabroncas como ídolo de masas, que no es otro que Balotelli. Pero las dos generaciones tienen un punto en común: se encienden siempre que les visita el Barcelona por presión popular o, simplemente, para no manchar todavía más la pobre imagen del Milan de los últimos tiempos. Le hacen a los culés la vida tan imposible que parece que San Siro les sigue imponiendo. Extraño para un Barcelona que ha conquistado el mundo, y varias veces.

Pero la conclusión con el Barça siempre es la misma: empate o pierda, oscurezca su juego o lo haga rematadamente mal, sigue siendo el favorito por talento y Messi, quizá primero por el argentino. De él  está contado todo, bueno casi: ya no necesita arrollar al resto a base de hat tricks, le basta una sola aparición para reclamar su puesto más alto en el olimpo. Así se forjan los cracks, aunque a éste no le haga faltan apariciones esporádicas y decisivas. Es más, Messi sigue siendo el termómetro de su equipo, y eso es demasiado peligroso, porque quién no recuerda las dos últimas semifinales de Champions. Neymar puede asumir galones, pero aún necesita presumir de heridas de guerras como San Siro. En definitiva, si el Barça está bien, Messi y el resto; de lo contrario, sólo Messi. 

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