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Un Madrid de velocistas

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Antonio Conte no exageró ante la prensa argumentando que “el ataque del Madrid es devastador” mientras que Carlo Ancelotti se engañó a sí mismo, que no al resto del mundo, justificando que el Madrid “defendió mejor que en otros partidos”. Si en la defensa se incluye a Casillas, entonces la tarea salió casi de diez. El capitán necesitaba una noche de milagros para volver a erigirse en el ‘santo’ de paradas divinas. Salvó el resultado e incluso intuyó el penalti de Arturo Vidal; lástima que el disparo por la escuadra le fuera imposible. A estas alturas y con el Madrid todavía en formato coladero, resurge el debate de la portería: ¿de veras le compensa a Ancelotti tener a este Casillas calentando banquillo cada domingo? Ni muchísimo menos Diego López es el culpable de la ternura de sus zagueros; al contrario, sus paradas providenciales han amarrado puntos. Pero el espigado cancerbero no goza de esa providencia mágica que sólo se encuentra en gente como Iker o Víctor Valdés. Hasta el propio Casillas confesó a la tele a pie de campo que no es fácil concentrarse jugando cada dos semanas. Aunque al menos, la inminente Copa del Rey le entretendrá entre semana; claro que si le toca foguearse con equipos de Segunda..o Segunda ‘B’.

Quince alineaciones distintas en quince partido refleja el galimatías táctico de Ancelotti. Su pizarra tampoco estaba claro cuando fichó en verano, porque expertos en ‘flechas’ como Enrique Ortego en MARCA o Pedro Pablo San Martín en el diario AS dibujaron innumerables esqueletos tácticos de Carletto en Milan, Chelsea y Paris Saint Germain. Que si su predilecto 4-3-3, el clásico 4-4-2, el férreo 4-2-3-1…infinitas opciones y ninguna clara. Incluso anoche, su corsé de seguridad Khedira-Modric se fue deshilachando por culpa del alemán: en un partido de músculo Khedira debía dar aliento a la defensa y, lejos de eso, apenas ayudó en retaguardia, más pendiente de poner pases largos a sus depredadores. La solución al problema capital del Madrid es Xabi Alonso, pero en su función de ordenador central no puede estar pendiente de las fugas traseras. Ése es el trabajo por el que se le paga a Khedira .

Los honorarios de Cristiano Ronaldo son diferentes. Cobra por ser el mejor (su flamante renovación así lo atestigua) y el presidente tendría que prepararle una paga extra por ser el nuevo gurú espiritual. El portugués no suelta peroratas de grupo ni arengas en el túnel de vestuario, porque como a él le gusta recalcar, “habla en el campo”, donde lo hacen las estrellas. Su momento pletórico, en contraste con el alicaído Messi, está salvando al Madrid de una mediocridad que no había vivido ni en las fases más ominosas de la era Mourinho. Hablando en plata, la dependencia de Cristiano ha adquirido tintes dramáticos hasta el punto que cualquier partido que no juegue CR7 es una moneda al aire. Decepcionante, pero real. Cristiano enchufa goles en cualquier género: goleadas tipo Sevilla, agonías estilo Rayo Vallecano y, más importante, en duelos a cara de perro en los que el equipo tiene que reivindicar respeto porque juega el Madrid. Falló en el derbi, también en el Camp Nou y una tercera derrota contra la Juventus habría sugerido maliciosamente un debate de digestión pesada. Hasta la fecha los clubes a tener en cuenta se le han atragantado, por fortuna para los blancos la segunda parte de anoche motiva al público a creer en algo; mejor dicho, en alguien: Cristiano Ronaldo.

También merece su santoral particular Gareth Bale. En tres partidos ha demostrado que las supuestas hernias o protrusiones son sólo habladurías en un jugador cuya ergonomía encaja como un molde en este Madrid de velocistas. Su galope satisface a un Cristiano que entiende el fútbol a la carrera, como un juego vertiginoso. E Isco, aunque incomodado por su estilo más próximo al tiqui-taca, tendrá que acostumbrarse al galés. Los chascarrillos de los cien millones nunca acabarán, pero si Bale pusiese precio a cada cañonazo a distancia, la inversión la querría cualquier tiburón de la Bolsa. Y en este mundillo en el que los futbolistas top son mejores o peores por comparación, la distancia entre el galés y Neymar ha dejado de ser sideral. Al azulgrana le aplaudimos su precoz responsabilidad y las diabluras de prestidigitador, pero Bale se ha destapado con un par de misiles tomahawk y esas cabalgadas a lo Usain Bolt que desfondan a cualquiera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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