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Ganar nunca es suficiente en Can Barça

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A José María García le fascinaba recrearse en la palabra ‘crisis’ cuando abría la caja de los truenos en el Madrid de Mendoza. Ganase o perdiese el equipo, el club gobernando por el del “pelo blanco” (cariñoso apelativo con el que ‘Supergarcía’ se refería al ex presidente blanco) estaba sumido al borde del cataclismo. A principios de los noventa, con la ‘Quinta del Buitre’ dando sus últimos coletazos durante los desastres de Tenerife, el estilo de juego perdió todo su atractivo: los títulos escaseaban y las victorias apenas entusiasmaban al público. Y como se trataba del Madrid, a falta de espectáculo, pues ‘crisis’ al canto. Cinco ligas consecutivas tuvieron la culpa de que la misma grada que había saboreado caviar, tuviese que contentarse con mortadela. Los cambios de ciclo en los clubes grandes suelen ser carnaza muy jugosa para nosotros, los periodistas: el morbo de siquiera insinuar mal rollo en un vestuario vende más que un desnudo célebre de Interviú. Y, claro, un Madrid que juega mal, o no gana, para las rotativas. El problema es que, al contrario que el Barça, el Madrid ha sobrevivido en los últimos tiempos con tres Copas de Europa y un estilo, el galáctico, cuyo fútbol no duró tanto como su inagotable marketing.

La urgencia de la ‘Décima’ ha simplificado las perspectivas merengues a un ‘resultadismo’ que desde hace años se ha convertido en pesadilla. Ganar por encima de todo, sacrificando, incluso, el sencillo placer de ver buen fútbol. Pero dar palos se ha vuelto el hábito de la prensa; es decir, que si un club con un presupuesto de más de 500 millones se engaña a sí mismo sobre el césped, debemos sacar los cañones a la palestra; sin embargo, si el mismo club divirtiese tanto como el Circo del Sol pero fallase en las finales, la catarata de críticas tampoco acabaría nunca. A Madrid y Barça se les presupone buen fútbol hasta el punto que Ancelotti pretendió anticiparlo el día de su presentación. “El Madrid será espectacular” anunció el italiano para regocijo de la gran masa. Cuatro meses después, Carletto está envuelto en una nebulosa táctica que no atisba fin, pero goza de una gran ventaja: mejorar el estilo de Mourinho no se antoja complicado, porque la temporada pasada ni se ganó ni se jugó. Ese matiz unido a las ansias por rellenar la sala de trofeos supone que a Ancelotti no le cuestionen las crisis pasajeras que ha tenido que escuchar el ‘Tata’ Martino durante esta semana.

Martino intuía un reto de proporciones bíblicas cuando dijo sí a la propuesta del Barcelona. Pero quizá nunca llegue a entender por qué algún periodista escupe ‘crisis’ después de once victorias y un empate liguero, y la clasificación para octavos de Champions encarrilada prácticamente como primero. “Aquí hay que afrontar crisis cada semana”, espetó el técnico azulgrana hace unos días. Sin pretenderlo, o sí, Martino delató el actual establisment con el que el Barça y su prensa conviven. Al ‘Tata’ le dan tanta caña en sus conferencias de prensa, que a partir de la próxima saldrá con un chaleco antibalas, como le sugirió entre risas un reportero del Milan. Ciertas preguntas al entrenador dan a entender que la prensa no es barcelonista, sino guardiolista. Y cualquier personaje ajeno a  esa esencia cruyffista, choca de frente con los periodistas de toda la vida. Guardiola culminó una era cuasi-perfecta, repetirla es casi un acto divino. Y es lógico que al Camp Nou le cueste asimilar su nuevo Barça: de haber disfrutado un ‘Picasso’, se ha pasado a una copia muy lograda, pero al fin y al cabo, una copia. Pero de ahí a martillear al ‘Tata’ con la maldita ‘crisis’…el Madrid no tiene ese problema porque su público no es tan delicatessen. 

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