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Tora, Tora, Tora…la película del ‘Tata’

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Cualquier lector intuiría un futuro apocalíptico en el Barça a tenor de las crónicas de su derrota en Ámsterdam. Sonaban a debacle irreversible, como si el equipo hubiera tirado la Champions por el sumidero. Juan José Pallás se pregunta en el Mundo Deportivo si ‘¿Fue sólo falta de actitud?’; Sport tituló en grande ‘Perder no importa, cómo se pierde, sí’; Ramón Besa no se corta en El País sugiriendo ‘Una lección histórica’, mientras que Francisco Cabezas escribe sin contemplaciones en El Mundo que ‘ha quedado claro que el balón le importan un comino, que el centro del campo no es más que un enorme trozo de campo donde Xavi ve los balones volar sin remedio’. Si a esos demoledores titulares, Pique añade más carnaza confirmando una ‘falta de actitud’, entonces el porvenir del entrenador, acusado por la opinión pública como el capitán Alfred Dreyfus, pinta demasiado negruzco. Más, si cabe, cuando el ‘Tata’ Martino no tiene una pluma como Emile Zola que le defienda.

El pasado 06 de noviembre Martino confesó medio en broma medio en serio que estaba viendo “películas de guerra” para defenderse. Una semana antes, no pudo contenerse delante del micrófono y confesó haberse hartado de tanta “crisis semanal”. Alguien que deteste el fútbol podría pensar que el Barça esta sumido en caos y destrucción, a punto de dilapidar el prestigio estratosférico de los últimos tiempos. Al menos, ésa es la sensación del ‘Tata’ cada vez que se sienta en conferencia de prensa para recibir metralla de la prensa que cubre al primer equipo. Da igual que sus chicos goleen al Levante 7-0, la sombra de Guardiola es demasiado alargada; tampoco importa que gane su primer clásico contra el Madrid si el ‘tiqui-taca’ se ha oxidado. ¿Qué películas habrá visto el míster? Encaja bien Tora! Tora! Tora!, maravilloso film americano-japonés sobre el ataque nipón a la base naval estadounidense de Pearl Harbor. El ‘Tata’ aceptó el encargo de dirigir un transatlántico con todo lo que eso conlleva, pero nunca imaginó sentir el impacto de los misiles tan pronto. La prensa culé le obligó a entender que ganar no es suficiente en can Barça, sin que nadie le diera un margen de espera, de adaptación. Al contrario, las hienas estaban esperando el primer cadáver, y llegó a costa del Ajax, en un escenario muy simbólico, pero que en la práctica poco le debe afectar al ‘Tata’.

Muchas de esas crónicas apelan a la génesis del Barça contemporáneo. Y para mayor escarnio del entrenador, Johan Cruyff presenció en el palco un equipo que, según sus declaraciones, poco se parece al suyo. El día de su presentación, Martino aseguró que venía a “adaptarse”. Utilizando esa palabra, los periodistas intuyeron que la esencia del club perduraba por encima de todos, incluso de un forastero elegido a contrarreloj por la directiva. Pero transcurrido el tiempo, el argentino ha aguantado carros y carretas mientras el Barça rompía récords y apuntaba a la Liga como candidato indiscutible en el primer tercio de campeonato. Y aunque la grada no es tan animosa como antaño y el fútbol haya perdido quilates, comprende que la promoción de oro liderada por Messi, Xavi e Iniesta es cinco años más vieja que cuando culminó la perfección más absoluta que jamás ha inventado un equipo.

La lectura simplona es que el Barcelona sigue siendo un club ‘familiar’ con una cultura insustituible, la ‘cruyffista’, y blindada contra injerencias externas. En cambio, el Madrid, por su urgencia de títulos, sí es voluble a cambios de filosofía: del metódico Pellegrini al extenuante Mourinho, y ahora con la incertidumbre táctica de Ancelotti. El ‘Tata’ no tiene la culpa: llegó para aplicar sus conceptos y de momento funcionan casi al cien por cien (dato estadístico). Que no gusten es cuestión de gustos. No obstante, no le vendría mal alguna ayuda que no salga de sus jefes. Quizá se sienta como el soldado Ryan en la oscarizada obra maestra de Spielberg.

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