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El carrito de Alexis

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Iván Zamorano fue su mejor relaciones públicas cuando aterrizó en Barcelona. “Destaca por tres virtudes: fuerza, compañerismo e invencible en el uno contra uno”. El Camp Nou nunca sospechó de su fuerza bruta, desde el principio Guardiola le colocó en la banda o como un boya de waterpolo, peleándose con defensas contrarias a codazos y empujones. Solidario como el que más, Messi supo que tenía un buen socio de ataque, aunque en sus dos primeras temporadas se le comparase con la última versión de Kluivert en el Barça: el delantero que fallaba más que una escopeta de feria. Precisamente, ése fue el detalle que vendió mal Zamorano, porque Alexis Sánchez solía causar murmullo en la grada cuando debía ejecutar la jugada. El chileno era una especie de ‘Pipita’ Higuaín, el ariete del casi gol. Y para echar más leña al fuego, su P.V.P de 40 millones con los que Udinese cerró su negocio de siglo salían a la palestra cada vez que marraba un gol, costumbre habitual en las dos primeras temporadas.

Alexis nunca tuvo feeling con Guardiola, sobre todo cuando el técnico le gritó en sus narices: “¡La concha de mi madre para mi Alex!, ¡90 minutos!, ¡usa la cabeza!”. En plena batalla por la Liga contra el Madrid, el chileno sufrió su enésima lesión muscular y Pep le recriminó haber jugado tres días antes un amistoso completo contra Ghana en Philadelphia. Su martirio parecía que iba a cambiar con Tito Vilanova, de quien habló maravillas en una entrevista al Sport el pasado octubre: “Me ayudó mucho en mi carrera, tanto como persona y jugador. El año que supuestamente yo estaba más perdido, él me apoyó y no quería que me fuera”. Sin embargo, siguió inmerso en una odiosa discreción y el público del Camp Nou comenzó a perder la paciencia: lejos de ser el ‘Niño Maravilla’, las malas sensaciones indicaban que el Barça había caído en la trampa del Udinese con otro delantero del montón que sólo valía para equipos de medio pelo. Sus estadísticas fueron nefastamente demoledoras: marcó su primer gol en Liga en febrero y su tope fueron ni más ni menos que once, o sea, una insignificante propina para todo un delantero del Barça. Alexis se convertía en carnaza  para la prensa.

Pero esta temporada está siendo distinta para él, en parte por su nuevo entrenador y por la catarsis interna que se ha propuesto el chileno. Una de las primeras intenciones que se propuso ‘Tata’ Martino fue recuperar al “Alexis de la Chile de Bielsa”. Le dio minutos, confianza y el jugador lo ha aprovechado en su nuevo borrón y cuenta nueva. Supuestamente eclipsado por la efervescencia de Neymar, el golazo de vaselina al Madrid y otros tantos decisivos de Alexis han sorprendido al barcelonismo. No está Messi, pero el chileno no es que haya sacado la escopeta sino que tiene una auténtica kalashnikov. Su cartel de generoso en el esfuerzo había caducado, faltaban los goles para reconciliarse con la afición. Dicho y hecho. Ahora ocupa portadas, ni qué decir tiene las de este lunes. Sencillamente, muchos nos hemos subido al carrito de Alexis.

 

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