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A falta de fútbol, Modric

Carlo Ancelotti prometió un “juego espectacular” en el día de su presentación y el madridismo no dudó en aplaudir su eslogan tan atractivo como inédito en entrenadores anteriores. El primer punto de su programa era, por supuesto, los títulos y, el segundo, divertir al Bernabéu con un espectáculo diferente al de Mourinho. Media temporada después, al segundo capitán, Sergio Ramos, le importa ganar y punto, o eso fue lo que aseguró en Cornellá. Y media Liga después, la afición no discute que el Madrid vuelva a tener en la recámara de su Kalashnikov a Barça y Atlético, sino la dosis de orfidal que produce su fútbol. El Espanyol no iba a ser sparring fácil pero, con todos los buenos sobre el campo, nadie supo imitar la mejor versión de Özil, o sea, poner pases entre líneas. A estas alturas, las victorias sin pena ni gloria han metido al equipo en la pelea a la vez que han conjurado algún que otro fantasma. Por ejemplo, un Bayern de Munich en cuartos de Champions. El Madrid sigue en pleno rodaje, aunque todavía no está preparado para batallas entre imperios.

Y en medio de esa nebulosa que Ancelotti no consigue disipar, el fichaje de la temporada no está siendo Gareth Bale, sino Modric con sus lecciones tácticas. La coartada del galés es el tiempo, como cualquier británico fuera de Las Islas necesita adaptación; sin embargo, su cifra mareante de 91 millones (o 100 según el Tottenham) no sería desorbitada en futbolistas como Cristiano o Messi. A Bale le queda demasiado grande. Las lesiones y la poca compatibilidad con CR7 encienden el debate de si le vendría mejor un once sin el portugués, una combinación imposible porque Cristiano casi es el Madrid entero.

Por eso, las sospechas sobre Bale contrastan con las grandes actuaciones de un Modric que hace las veces de Makelele y de centrocampista ofensivo. Salvando las distancias, Modric recuerda  a ratos al gran Fernando Redondo en su visión panorámica del fútbol. Siempre escogiendo la mejor opción. Sin atisbos de un espectáculo estilo Circo del Sol, de repente Xabi Alonso y Modric han construido la columna vertebral del equipo. A expensas de Cristiano, ambos centrocampistas son ahora mismo imprescindibles para que el Madrid no se rompa en pedazos. La necesidad del músculo de Khedira quedaría demasiado lejos en estos momentos. Tanto como ese ansiado Özil que rompa líneas por el centro; de lo contrario, los goles estarán a merced del de siempre, con permiso de los testarazos de Pepe.

 

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