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Vino gran reserva Clarence Seedorf

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Cuando Lorenzo Sanz fichó a Fabio Capello en su primera aventura madridista de 1996, el técnico italiano le puso varios nombres encima de la mesa con uno como máxima prioridad. “Estoy muy orgulloso de haber satisfecho el encargo de nuestro entrenador”, comentó el ex presidente a los reporteros para anunciar el fichaje de un interior derecha holandés de 21 años y fuerte como un roble, de los que gustaban a Capello. Clarence Seedorf acababa de fichar por el Real Madrid por la nada despreciable cantidad de 600 millones de pesetas, los que Sanz tuvo que desembolsar a la Sampdoria. El padre del futbolista espetó al presidente que “el Madrid no imaginaba lo que acababa de comprar”. Seedorf siempre ha venerado a su padre hasta el punto que nunca le estará lo suficientemente agradecido por prestarle unos zapatos tres tallas más grandes que la suya en su debut con los juveniles del Ajax de Amsterdam. Aquello no fue más que el prólogo de una carrera exitosa por Europa, levantando copas de Europa por todo el continente. No en vano, recién retirado, sigue presumiendo de ser el único futbolista de la historia con Champions en tres clubes diferentes.

Seedorf ejemplifica la madurez de cualquier jugador que nació humilde (su familia de Surinam tuvo que emigrar a Amsterdam para seguir adelante) y soñó convertirse en ídolo de masas. En Madrid rindió, ganó títulos y se adaptó rápido a la cultura española, sobre todo, con la gastronomía. Muchas veces ovacionado por el Bernabéu y otras sospechoso de cierta apatía, su talento sí gozaba de unanimidad absoluta. El problema de grandes clubes como el Madrid, sobre todo éste, es el desgaste de la exposición mediática. Aquella invención periodística de ‘la Quinta del Ferrari’, formada por Suker, Mijatovic, Panucci, Roberto Carlos y el propio Clarence, perjudicó en exceso al holandés. Si se marcaba un partido sensacional, era el gran Seedorf; si fallaba un puñado de pases o no corría a defender una jugada, entonces no era más que otro ‘Ferrari boy’. John Benjamin Toshack tomó nota y le quiso purgar desde el principio. El galés ordenó a Lorenzo a Sanz venderlo en el verano del 99 y días después de que en un amistoso de pretemporada en Compostela aficionados madridistas gritasen ‘Seedorf, si; Toshack, no’, la respuesta del presidente fue demoledora: “Oficialmente, el Madrid no vende a Seedorf aunque venga el representante de San Pedro”. Toshack, cegado por su obsesión de sacarlo de la plantilla, había ignorado la única petición que le hizo el holandés, una recomendación táctica: que le pusiese en el centro del campo para crear juego, no arrinconado en la banda derecha. El tira y afloja duró hasta Navidades, cuando Sanz acabó aceptando la oferta del Inter de Milan por casi 4.000 millones de pesetas. Ciertamente, con dos Champions en el zurrón, no era un P.VP. exagerado.

En el Inter Seedorf tan sólo fue una pieza más en la torre de Babel que había construido el presidente Moratti. En un vestuario con argentinos, uruguayos, brasileños, colombianos, franceses, croatas, serbios, turcos, eslovacos y hasta el español Farinós, el entendimiento no fue fácil. Seedorf intuía que el Inter preparaba cada año proyectos etéreos que no iban a ningún lado. Así que no dudó en cambiar de acera para jugar en el Milan. Una frase de Carlo Ancelotti durante esta semana resume la influencia de Clarence en el club milanista: “Seedorf fue mi jugador. Un futbolista con gran personalidad que tiene la capacidad de conocer todo en el mundo del fútbol”. Otro buque insignia como fue Andrea Pirlo nunca escamita elogios cuando le preguntan por su ex compañero: “He jugado con genios del balón, portentos físicos que se mueven sin balón, pero nunca, nunca con un solo futbolista que sea tan bueno con y sin pelota”. La etapa de Seedorf en Milan recuerda a unas palabras de Cristiano Ronaldo en COPE: “Doy el 120 por cien como profesional”. Ése, exactamente, es el elixir de la eterna juventud del todo terreno holandés. Y, precisamente, el Bernabéu pudo contemplar su motor turbo diesel en un Real 2 – Milan 3 de Champions de 2009. Un buen puñado de periodistas escribió en sus crónicas que ese Seedorf bien podría haber jugado en el Madrid de Florentino.

Milan era la ciudad propicia para celebrar los fastos de su despedida. Pero a Seedorf siempre le ha picado la curiosidad del fútbol brasileño. Tan desmedido es su amor por la cultura carioca que, en una entrevista en El País durante los días previos a la fatídica Champions de Estambul, el entonces centrocampista del Milan confesó que de niño había llorado con la eliminación de Brasil a manos de Francia en el Mundial del 86, pero no porque cayera la canarinha, sino por el lamento de Zico, uno de sus grandes ídolos de la infancia. En otra entrevista posterior con el mismo periódico, pudimos comprobar la versión reposada y madura de Seedorf: “¿La final contra el Liverpool? No es que nos relajáramos seis minutos, fue obra del destino”.

El Botafogo ha tenido el honor de escribir el epílogo del Seedorf con botas. En año y medio su huella tiene un valor incalculable: que fuera nombrado mejor extranjero del campeonato brasileño es sólo una medallita más; la hazaña ha sido liderar un vestuario en pleno proceso de formación, con chavales que escuchaban atónitos al cuatro veces campeón de Europa. La gente sólo ve los 90 minutos que dura el encuentro, pero antes de eso paso mucho tiempo conversando con ellos, haciéndoles preguntas…Fuera del campo hay que plantearles los asuntos de manera más pausada, con la idea de que reflexionen y crezcan”. Es Seedorf ‘el maestro’, el mismo que adora una afición en la que algunos padres han bautizado a sus hijos con el nombre de Seedorf. Y no es broma. Por cierto, ha ganado cuatro Champions pero las estadísticas enumeran cinco, la del Madrid del 2000 en la que participó en la primera fase. Nunca le pillaréis en un renuncio,  él siempre contará cuatro, por méritos, porque son las que él se ha ganado. Un hombre de fútbol ha vuelto a Milan, el mismo que Botafogo perdió como futuro entrenador. Veintidós años de fútbol le han dado el aroma de un vino gran reserva. El Milan no tiene más que disfrutarle…el resto vendrá rodado.

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2 respuestas a “Vino gran reserva Clarence Seedorf”

  1. El Despertador Mexicano | Vino gran reserva Clarence Seedorf – elEconomista.es dice:

    […] elEconomista.es […]

  2. Guillermo dice:

    Solo recordar que Etoo ganó copas de Europa con RM, FCB e Ínter. Por lo que no es el único en ganar 3 copas de Europa con 3 equipos diferentes, si el que mas copas de Europa ha ganado (4/5) y mas en diferentes equipos, destacándose a si de Don Samuel Etoo.

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