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Samuel Eto’o, pretoriano de Mourinho

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Samuel Eto’o ya vivía como un blanco en el Anzhi cuando Mourinho le llamó personalmente para emprender su segunda aventura con él. Mejor dicho, vivía mejor que el Sultan de Brunei; no en vano, hasta el pasado verano era el futbolista mejor pagado del planeta. Pero una llamada de teléfono del entrenador portugués le incitó sin contemplaciones a cambiar un contrato de veinte millones anuales por otro de ocho. Eto’o aprovechó las nefastas circunstancias del momento: el dueño del Anzhi, Suleyman Kerimov, se hartó del club y puso toda la plantilla a la venta. Con semejante caos, el camerunés entendió que el Chelsea podía devolverle las tardes de gloria en las que puso patas arriba al Camp Nou y San Siro. “Es un año de transición, el nuestro es el próximo”, comentó en la Cadena COPE con su sonrisa picarona. La ‘pantera negra’ había asimilado rápidamente el discurso de Mourinho; por algo, él siempre perteneció a su guardia pretoria en el Inter. Es de ese grupo de futbolistas que echa pétalos de rosa por donde pisa el técnico; de lo contrario, quién imaginaría que un rebelde como Eto’o se plegara a sacrificios tan exagerados como defender descaradamente de lateral derecho en aquella semifinal de los aspersores del Camp Nou. “Mou no necesita un rato para convencerte”. Palabra del camerunés.

Su mítica frase de “no soy un chico de cincuenta goles, lo que puedo prometer es correr como un negro para mañana vivir como un blanco” impresionó tanto al barcelonismo, que tardó poco en comprender el leit motiv de su nuevo ídolo. Veían a un delantero de alta escuela cabreado con su pasado, el merengue, y con ganas de agitar el establishment de Florentino Pérez. Lo que no supo Frank Rijkaard y, por supuesto, ni se molestó en entender Guardiola es que a Eto’o había que atarle en corto dándole cariño. En esa encrucijada y con el vestuario del Barça chamuscado por el fuego cruzado de egos (Ronaldinho, Deco y Eto’o), Mourinho metió mano en el saco de despojos de Guardiola. La jugada no pudo ser más perfecta: se despidió de Guardiola con un gol en la final de Roma y abrazó a Mou con la Champions del Bernabéu. Eto’o se había reciclado: sin perder el instinto depredador, volvió a sentirse futbolista de equipo. Sólo dos hombres lo consiguieron: Luis Aragonés y el entrenador del Chelsea. Sabido es que el ‘zapatones’ necesitó un buen puñado de broncas para espabilarle, como aquella antológica dentro de banquillo de La Romareda.

La etapa rusa de lujo y opulencia no terminó de convencerle. Ganaba demasiada pasta pero jugaba al fútbol sin ningún incentivo, sin codearse con los grandes de Europa. Por eso, el Chelsea ha sido su salvación y, dentro de esa mole de hormigón que ha construido Mou, Eto’o ha encontrado su sitio: correr hasta la saciedad como un rottweiler y moverse en el área por intuición. Así goleó al Manchester United y sólo así acabó cojo y extenuado la tarde del Liverpool. Sin embargo, no olvida sus raíces futbolísticas, “mi hijo quiere que acabe mi carrera en Mallorca”. Ama la isla, al club que le dio la oportunidad y, aunque no lo dijo el domingo en COPE, también a Aragonés. Razones no le faltan.

Eto’o cuenta en una autobiografía que un buen día de abril de 2004 el ‘sabio de Hortaleza’ le sacó de un corrillo de entrenamiento y le espetó: “Negro (así le interpelaba cariñosamente el míster), creo que hay un club perfecto para tu carrera. Tal como está ahora mismo, te necesita y creo que ganará mucho con tu fichaje. Te estoy hablando del Barcelona”. Eto’o no pudo contener la sorpresa y le replicó: “¿qué estás diciendo?”. “Sí, pero primero tienes que marcar quince goles aquí, en el Mallorca, y yo me encargaré del resto”, concluyó Luis. Una semana después, Miguel Ángel Nadal, entonces compañero del camerunés, le desveló que Txiki Beguiristain, director deportivo azulgrana, le había llamado interesando por él, pero que el Barça también barajaba otros candidatos y el delantero de la Juventus, Trezeguet, era el prioritario. ¡Qué mejor asesor que Luis Aragonés!, debió preguntarse Eto’o, su fichaje venía con una de las mejores cartas de recomendación posibles. Ahora también: José Mourinho. 

P.D: David Beckham presenció en el palco el Chelsea-United y Eto’o lanzó una mirada furtiva a esa zona en uno de sus tres goles; quizás se acordaba cuando le dijo hace año que “él (Samuel) era más feo, pero mucho mejor futbolista”.

 

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