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Aroma añejo de derbi

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Vuelve el aroma de derbi. A finales de los ochenta y principios de los noventa el diario ABC solía dedicar portadas íntegras a los Madrid-Atleti por su expectación mediática. Los periódicos nacionales llenaban las mismas páginas para un derbi que para los grandes clásicos. Entonces, la atracción de los duelos madrileños eran sus respectivas figuras: Butragueño y Futre protagonizaron varias primeras planas. El siete blanco era el “patrimonio del club” (Ramón Mendoza dixit) y el portugués, campeón de Europa con el Oporto, fue el fichaje con el que Jesús Gil se metió en esa élite descarada formada por Núñez y el propio Mendoza. Cualquier derbi era impredecible: aquellos ‘Atletis’ tenían fuelle para asaltar el Bernabéu, mientras que el Madrid nunca era favorito en el Calderón. Después de veinte años y varios resurgimientos rojiblancos, España vuelve a quedar eclipsada con un Madrid-Atlético.

Una vieja leyenda del Madrid ha llegado a reconocer que le satisface un empate a cero en el Bernabéu. Y no es miedo, sino “saber jugar la eliminatoria completa”. Porque este Atlético es distinto a todos, incluso al del ‘doblete’. Pinta el mismo partido perro de las dos últimas veces, las que ha ganado el Atlético. La consigna de Simeone, aparte del ‘partido a partido’, es la tesis básica de la doctrina mourinhista: presión asfixiante y puñetazos continuos a las costillas del rival. Es decir, que medio partido dependerá de Xabi Alonso y Modric, porque sitiar el centro del campo es el argumento básico de la batalla. De ellos y de la mejor versión de Koke, por supuesto. Ésa es la batalla táctica, la emocional depende de los ‘Butragueños’ y ‘Futres’ contemporáneos. Cristiano no estuvo inspirado los últimos derbis y su equipo lo pagó; al contrario que Diego Costa, enchufado hasta la médula en el coliseo blanco. El ‘bicho’ se inventa sus jugadas mientras que Costa ejecuta las de sus compañeros. Es la diferencia entre un crack mundial y un  señor equipo.

Ancelotti intenta aligerar la presión intentando desmentir el discurso de Simeone. Pero el argentino, perro viejo en guerras dialécticas, se las sabe todos: erre que erre, no traiciona su discurso. Favorito es el Madrid por caché, no por méritos sobre el “pasto” (como le gustaba decir a Luis Aragonés). De hecho, la espada de Damocles pende sobre los blancos: todavía no han tumbado a ninguna mole, ni Barça, ni Atleti, ni siquiera al rocoso Athletic de San Mamés. Así que el crédito del Madrid está en juego y la ilusión del flamante líder puede alcanzar la estratosfera. Es la pequeña gran diferencia de tres puntos. Cuestión de sensaciones.

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