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El Madrid se agiganta por momentos

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“Hace meses decían que nuestra defensa era mala”. Sergio Ramos tenía ganas de callar bocas de cierta prensa, la de quienes antes de Navidad incidieron demasiado en los despistes del central sevillano (me incluyo también). Entonces decíamos que desde la Copa Confederaciones Ramos había pegado un bajonazo físico (su gran fuerte) y cometía errores de novato. Su tonta expulsión contra el Galatasaray con el consecuente cabreo de Ancelotti (“tenías que cubrir la espalda”) fue la prueba concluyente de la versión más negruzca del madridista. Incluso, en algunos mentideros periodísticos se insinuó que la pareja fetiche del entrenador en la zaga iba a ser Pepe y Varane. Pero el francés comenzó un vía crucis por la maldita rodilla y Ramos entendió que era el momento de recuperar los galones que le había otorgado el público del Bernabéu, sobre todo, en la vuelta contra el Borussia Dortmund, cuando él solo se echó al equipo sobre la espalda a punto de obrar el milagro. Desde hace un puñado de partidos, Ramos (y Pepe) se ha vuelto a entonar hasta el punto que el Madrid recibe ocasiones con cuentagotas matiz que rompe con el viejo cliché de que a Casillas siempre le han llegado por tierra, mar y aire. Hoy, Diego López en Liga y el capitán en Copa apenas son protagonistas salvo por algún mano a mano puntual. Los agradecimientos, en la ventanilla de los centrales.

Casillas está a un partido de enmarcar una Copa simplemente perfecta, pero su aparente estado inerte en la semifinal ha quitado de raíz toda la emoción de los derbis. Simeone reconoció que le había fallado su planteamiento de anoche, le faltó añadir que también el de la ida. El Atlético apenas disparó a puerta en toda la eliminatoria y, desde luego, así es casi imposible tumbar al Madrid. El trámite del Calderón duró pocos minutos, los que tardó el ingenuo Manquillo en repetir el penalti de Vallecas de hace unas jornadas. ¿Por qué no jugó Juanfran? El ‘Cholo’ no engañó a las masas: un hombre de fútbol sensato como él jamás intentaría imitar a Houdini; el 3-0 del Bernabéu había borrado de un plumazo cualquier conato de remontada. Por eso, y aunque suene ventajista, esta Copa quedaría más aseada para el prime time televisivo si fuese a partido único: un pim, pam, pum continuo hasta la final. Y, quizá suene raro, pero a este Atleti le convenía quitarse tanto ajetreo de oficina; más que nada, porque cada vez hay más gente que le ve jugando con el gancho. La lesión de Filipe Luis ha dañado la maquinaria industrial fabricada por Simeone, y la baja de Tiago puede averiar más su funcionamiento. A estas alturas, los rojiblancos se han desmarcado de cualquier debate estético: importa ganar y punto. Los resultados pírricos serán tan venerados como una buena goleada.

El Madrid sí que ha dado un vuelco a la temporada y no al revés. De parecer ignorado y menospreciado en aquella pelea entre Barça y Atlético, ha chupado la sangre dejada por los dos como un vampiro para meterse en la bulla liguera. El calendario le ha dado un respiro porque Getafe y Elche no deberían ser obstáculo en la ausencia de Cristiano antes de viajar a Alemania para jugar contra el Schalke, que no es ni primero, ni segundo, ni tercero de la Bundesliga. CR7 se ha encontrado con un descanso repentino por la gracia de los árbitros, pero en su caso, enfriarse en la nevera quizá no sea el mejor remedio. Al contrario que Messi, el cometido del portugués no es tocar techo en mayo, sino hacerlo cada fin de semana porque él necesita jugar todo para no perder su hercúlea forma. Y como en los últimos años de Mourinho, este Madrid apunta sus bazucas a todos los títulos, pero con una pequeña gran diferencia: el fútbol de Barça siembra sospechas, el del Atlético se diluye y el de los blancos se expande como un imperio sin otear el horizonte. Cuestión de Modric y del sentido común que siempre debe tener este club.

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Una respuesta a “El Madrid se agiganta por momentos”

  1. kurt dice:

    claro ejemplo de “perodismo” para borregos.

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