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Jesé sí nació para jugar en el Bernabéu

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Suma y sigue. Manolo Sanchís dijo en Tiempo de Juego que el Madrid se jugaba la Liga un domingo cualquiera en Getafe, y sin Cristiano Ronaldo. Pero los blancos cuentan los partidos sin su ‘bicho’ igual que el preso que traza palitos en su celda: uno menos y ya sólo les queda el Elche antes del gran regreso. Paco González comentó una vez que el debate sobre si el Madrid fichaba o no buenos futbolistas se solucionaba de un plumazo: “El Madrid siempre ficha gol”. Era su manera de justificar a Gareth Bale. No obstante, la explicación vale para el saco entero de delanteros: Benzema se está marcando su mejor temporada y, sin embargo, nunca se sacudirá la sospecha de que suele vivir en el limbo. Hasta Jesé, el talentoso novato a quien desde la prensa queremos convertir en un Raúl en potencia, se ha unido a la orgía goleadora de su equipo. Su primer gol le valió la comparativa con José Luis Morales, aquel diminuto delantero que marcó in extremis a Depor y Atleti, y desapareció del mapa; unos cuantos goles más le recordaron a Javier Portillo, cuyo principal (y único) mérito fue evitar la eliminación europea del Madrid galáctico en una noche fría de Dortmund. Y un puñado de partidos después, Jesé sigue provocando muchas noticias, todas buenísimas. Por eso, lejos de tanta hipérbole periodística, el canario dejó de ser un Morales o Portillo de la vida y aún le quedan un montón de galaxias para merecer la mínima comparación el eterno ‘siete’. Simplemente, Jesé anda por buen camino.

El pasado verano Florentino Pérez rechazó todas las ofertas por Jesé haciendo caso a los entrenadores de Valdebebas. “Si se le cuida y mantiene la cabeza bien amueblada, este chico llegará”, suele comentar el presidente en petit comité. Y no le falta razón. Es su canterano de moda, protagonista de varias portadas de Marca, y Ancelotti le mima con tal cariño, que ha entendido a la perfección el mensaje de su jefe. Jesé ha cursado un máster acelerado del buen madridista: pelea y busca goles como un rottweiller y si el balón no entra, aprieta los dientes y a currarse otra jugada. Como buen goleador, no necesita ubicar la portería, tiene las medidas bien aprendidas. Y como buen fajador, apenas le importa si tiene que romper un bloque de hormigón como el de Simeone o defensas de cartón piedra, que las hay y muchas en esta Liga. Quizá sea pronto insinuarlo, pero Jesé es de los que se encienden con el “¡Illa, illa, illa, Juanito, maravilla!”, y eso excita al Bernabéu. Pero la sensación que más regusto da al público merengue es que siempre puede pasar algo en las botas del canario: un regate, un pase de gol o la pelota dentro de la red. Sea o no titular, Jesé lo tiene claro: juega tan rápido como canta en su grupo de rap-reggaeton, Big Flow. Le va la marcha y en el vestuario blanco saben y quieren proteger a la gente valiente. Él lo está demostrando.

La pregunta del millón es qué le sucederá cuando vuelva el santo y seña del grupo. Ancelotti es “entrenador y no un administrador”, como aseguró en Getafe. Bale en forma jugará por decreto, de lo contrario, correrán riadas de tinta sobre el fichaje de los cien (o 91) millones. Y, por supuesto, Carletto, que va conociendo el periodismo español, sabe que una suplencia inopinada de Benzema le asegurará la misma pregunta en cada rueda de prensa. La decisión comodona es dejar a Jesé en el banquillo, y puede que ahora la más inteligente, porque si el canario vuelve al banquillo, clamará por revertir la injusticia de la única forma que le han enseñado en Valdebebas: dejándose eso que tanto aprecia el madridismo y no rajando delante de un micrófono. Precisamente, eso ya lo hizo el año pasado en una concentración de la sub’21 y con la guadaña permanente de José Mourinho sobre todo los estratos del club. Una y no más, aseguró Jesé. Su periodo de aprendizaje sigue su curso.

 

 

 

 

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