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Kalashnikov encasquillado

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“Pedimos perdón a la afición”. Buscando en hemeroteca, la última disculpa pública salió de boca de Iker Casillas aquella noche fatídica de la manita en el Camp Nou, el primer clásico de la era Mourinho. Entonces, el capitán salió a la palestra y, resignado, sólo pudo articular un ‘perdón’. La vergüenza del 5-0 había chocado como un tren de mercancías contra el estado de felicidad que habían generado los primeros momentos del entrenador elegido a dedo por Florentino Pérez. Casillas tuvo que dar la cara ante los periodistas para consolar a todo el madridismo, que vio cómo el Barça le giraba la cara de un tortazo. Anoche Marcelo se apresuró a pedir perdón sobre el propio césped en la entrevista de Canal Plus; consciente de las desastrosas consecuencias que ya estaba originando el batacazo de Sevilla, el brasileño quiso adelantarse a la jugada e hincar la rodilla en nombre del equipo. Porque el Sánchez Pizjuán volvió a ser un campo maldito donde el Madrid perdió media Liga por arte de magia. La que inventaron Rakitic con la batuta de un director de orquesta y el despiadado Carlos Bacca, sustituto natural de Falcao en Colombia y que cuajaría bien en el contraataque merengue. Bacca se reivindicó como una revelación de nuestro fútbol, la estrella que necesitan equipos de clase media para excitar a su público y, sobre todo, darle cierto caché mediático a nuestra mejor liga del mundo (lo decimos nosotros). No tardará en fichar por un grande, tal como lo hicieron Bam Bam Zamorano, Suker o la ‘bestia’ Baptista.

El Sevilla no jugó mejor que el Madrid. Al contrario, se disfrazó de merengue y precisó de dos dosis letales: un gol en cada disparo. Fueron los madridistas quienes usaron un Kalashnikov encasquillado, y acabaron tan desesperados que al final sacaron revólveres para tirar a larga distancia, por si sonaba la flauta. En la liga de las sensaciones el Madrid es colista: en tres días la caverna mediática (Joan Laporta dixit) ha pasado de barruntar un torneo de dos con el Barça noqueado a echar la Liga por un sumidero y declarar el terror absoluto. Porque las victorias blancas son una cuestión de tirar una moneda al aire: la siguiente visita es Anoeta, donde se puede ganar pero también se puede palmar con creces. Ancelotti cobra por construir un fórmula uno en el que debe probar piezas; su problema es que intenta reparar averías cuando el motor ya no carbura. Quién iba a imaginar que Di María sería ahora capitán general, cuando hace unos meses desafió al Bernabéu acomodándose sus partes,. Su ausencia dejó sin reprís a un bólido que anoche habría ganado la carrera con velocidad punta. Pero como el Madrid estuvo lento, con jugadores como Bale o Benzema que, en vez de botas de fibra de carbono, parecían arrastrar grilletes con una bola de preso, el Sevilla ganó esprintando.

La ‘BBC’ ha sufrido el apagón analógico antes de concluir la temporada. Bale, a pesar de sus esmeradas estadísticas, sigue siendo un ovni en los momentos decisivos; Benzema entra y sale de su limbo con una facilidad pasmosa y Cristiano sólo revienta a los rivales cuando invoca a Hércules. Al flamante Balón de Oro hay que exigirle contraprestaciones a su recompensa, claro que como él sólo es medio equipo. O tres cuartos. La otra porción corresponde a Xabi Alonso, pero el donostiarra ha perdido el soldador que unía las dos facciones del equipo, la de la ‘BBC’ con esa defensa de hormigón la semana pasada y cartón piedra ésta. Pero Xabi no está a gusto en campo porque su socio Modric no es el mismo que tomó el relevo del lesionado Khedira. Viendo el embotamiento que sufrió la medular cuando merodeaba el área sevillista, cualquier folclórico echaría de menos a Michael Laudrup. Porque desde que el danés se jubiló, el fútbol español, ni siquiera el mundial, ha disfrutado de un clon suyo. A falta de alto voltaje, el Madrid habría necesitado anoche un Laudrup que descerrajara la defensa con un pase sin mirar. Lástima que ninguna cantera haya fabricado uno igual.

Y, por último, una oda a la ingenuidad. Escribir sobre el Madrid sin mentar la crisis pasajera de Diego López es de pardillos. Las siete plagas bíblicas que azotan al equipo no son culpa del portero de la Liga, pero cualquiera madridista siempre se acuerda de una parada imposible del ‘santo’. Quizá Casillas también hubiese encajado seis goles de siete ocasiones, nunca lo sabremos, pero cualquier mano a mano con Iker delante trae a la memoria su pie milagroso ante Robben. Manolo Lama sondeó en El partido de las 12 la posibilidad del break: si Casillas es portero para Champions y Copa, no sería inoportuno que se entrenara en Liga. Nada es descartable.

 

 

 

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Una respuesta a “Kalashnikov encasquillado”

  1. Fausto dice:

    Además del milagroso pie de la final del mundial, también me acordé mucho anoche de las dos paradas “míticas” - precisamente contra el Sevilla en el Pizjuán - de los años 2009 y 2011. La primera a Perotti (http://youtu.be/5k2nOf6tsFI) y la segunda a Manu del Moral (http://youtu.be/MnuLdbOCfO4) con ayuda del palo.

    Coincido contigo en que Diego López no es el responsable de todos los males que afectan al Madrid (de hecho, creo recordar que el partido del año 2009 contra el Sevilla acabó también con derrota 2-1 a pesar de la gran parada). Pero lo de seguir viendo a Casillas en el banquillo… suena a herejía en el catecismo blanco (al menos en el mío).

    Si tiene que entrenar, que entrene ya el próximo fin de semana contra el Rayo. Y que no descanse más hasta el final: ni en Liga, ni en Copa ni en Champions. Ni en el mundial, por supuesto.

    Saludos.

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