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Pelea de perros

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Los periodistas que cubren al Atlético de Madrid se frotan las manos esperando al Elche. No habrá homenajes al ‘doblete’ ni a la estruendosa victoria copera del Bernabéu; sencillamente, ese día cambiarán el paso de sus crónicas. Entonces, Simeone tirará por un sumidero su cargante partido a partido y las rotativas se detendrán desde la CNN hasta Al Jazeera: por fin el Atlético será candidato a la Liga. No lo dicen las estadísticas sino esa línea roja de cinco jornadas que el ‘Cholo’ trazó en su discurso exculpatorio. Porque si los rojiblancos se bajaban del barco, la razón la tenían los tíos Gilito de la Liga: el dinero. Y si se mantienen en pie, tal como parece, habrá sido consecuencia del elixir del curre, los huevos, la intensidad…O sea un coloquio made in Mourinho donde en ambos casos resulta vencedor. Al Granada lo ganó con el gancho y el primer rato en San Mamés corroboró la teoría del decaimiento. Pero el efecto Simeone y un delantero que no ataca como una manada de búfalos (Ronaldo) pero sí de bisontes levantaron un marrón grandioso: profanar la nueva Catedral. Quizá sea el momento del Atleti y, por ende, de media liga española. Es el triunfo del Robin Hood argentino del que todos quieren aprender. El último subversivo se llamó Rafa Benítez, entonces entrenador de un Valencia con mucho caché en un tiempo en el que las televisiones aún no habían hecho pedazos nuestro establishment futbolístico.

La ilusión del niño del Atleti choca de frente con la lógica liguera. El Barça había abdicado del campeonato en Valladolid y se rescató a sí mismo en el Bernabéu. Ha cogido velocidad de crucero, pero el ‘Tata’ todavía no ha entendido que Iniesta es ahora medio equipo, le guste o no a Messi. Los azulgranas salieron vivos del derbi catalán con un leve matiz respecto a las últimas derrotas: actitud. El Espanyol planteó un duelo duro, de brega, en el que algunos como Colotto sacaron la trilladora.Lástima que se resolviese con un medio penalti (¿mano de Neymar?) que dará carnaza a las tertulias deportivas. Al final, son tres puntos que dan toda la vida del mundo a una Liga que necesita agitarse con un cóctel explosivo. Y ése es el Barça-Atlético del Camp Nou, una auténtica pelea de perros. Hay que desempolvar la hemeroteca para recordar un último partido decisivo: fue un Sevilla-Atlético de la década de los cincuenta. Casi nada. Sin embargo, habrá que esperar a las heridas de guerra que deja la Champions. El Barça maneja los tempos de esta competición, mientras que el Atleti se adentra en terreno desconocido. Y con la tensión por las nubes, falta por averiguar si al ‘Cholo’ le da para estirar como un chicle los músculos de sus futbolistas. Las estadísticas nunca han traicionado a los culés: todas sus Champions han ido acompañadas de Liga. Sucedió en la primera de Wembley, en la de Rijkaard de París y las dos de Guardiola. En ninguna edición fallaron en la competición doméstica.

Y en medio de esa pelea, el Madrid observa alejado dos pasos. Es el de más envergadura de los tres, pero sus puñetazos no llegan a la cara. No ha pegado a ninguno de los de arriba y eso se paga. Y lo peor es no depender de sí mismo. Por eso, goleadas tan asépticas como la del Rayo apenas motivan al Bernabéu. Es un gusto ver esprintar a Bale casi a 30 km/h y reírse cariñosamente cuando se le ocurra hacer una jugada estilo Royston Drenthe, pero el aficionado madridista esperaba mucho más de él contra cualquier mole. Y ahí el galés ha fallado. Anoeta es la última bala de la recámara: acertar es aferrarse a la cofradía del clavo ardiendo de Tomás Roncero, perder es despedirse de la Liga y dejar sensaciones suicidas en Champions y Copa. Porque, lejos de tener fiabilidad, a estas alturas los títulos del Madrid dependen de una moneda al aire.

 

 

 

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