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El fútbol echa de menos a Pedro Chueca

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“En un día me lo curas o te mato. Eres un fenómeno y me tienes que recuperar”. Pedja Mijatovic sintió un pinchazo en el gemelo durante el penúltimo entrenamiento previo a la final de Amsterdam, pero Pedro Chueca, recuperador por excelencia del Madrid durante muchos años, advirtió al montenegrino que, en condiciones normales, tardaría tres o cuatro días en obrar el milagro. El club ocultó a la opinión pública las molestias de Mijatovic; habría sido un golpe anímico para un madridismo que,  aún sobreexcitado por la final, temía el poderío de esa mole llamada Juve. Un buen puñado de masajes y varias cajas de antiinflamatorios anestesiaron el intenso dolor del gemelo del jugador. Pedja llegó a agobiarse por la cura a contrarreloj; sabía que el Madrid le había fichado para “algo grande” y un maldito dolor muscular no le iba a noquear.

Fernando Hierro también se tumbó en la camilla de Pedro Chueca. Con mil y una cicatrices de guerra, el fisioterapeuta merengue cuidó el chasis del capitán hasta sus últimos coletazos en el Madrid. Machacado por las lesiones, Chueca puso a tono todos sus músculos y le afinó tanto, que Hierro jugó una Copa de Europa imperial en 2002, la de la inolvidable volea de Zidane. Por eso, uno de los primeros agradecimientos de Hierro sobre el césped de Glasgow fue hacia su inseparable Chueca. Su trabajo entre bambalinas ha sido tan decisivo que los pesos pesados siempre le guardarán cariño. Por ejemplo, Raúl González, al que una rotura de menisco en 2005 le obligo a modificar su condición física de base, tal como le gustaba decir a Luis Aragonés. Pedro Chueca sufrió por y con Raúl: intensas jornadas de trote, ejercicios de fuerza y masajes intensos sobre la camilla resetearon el cuerpo triturado del ‘eterno siete’, que fue precoz hasta para quedarse sin gasolina en el cuerpo. Chueca y la famosa cámara de hipoxia marcaron un antes y después en la carrera profesional de Raúl.

Pedro Chueca lleva más de veinte años recuperando futbolistas del Real Madrid. La confianza entre jugador y recuperador es la génesis de una buena puesta a punto, lo dice Chueca y cualquier fisioterapeuta de élite. Por eso, en el fútbol de hoy llama la atención la sospechosa relación entre servicios médicos y jugadores. Chueca no es médico, al igual que Juanjo Brau, el otro gran gurú de los recuperadores en el Barça. Brau ha sido el hombre de confianza de Leo Messi varios años hasta el punto de no dejarle ni a sol ni a sombra, ni siquiera en vacaciones. Debido a la fragilidad muscular que sufrió Messi desde su infancia, el Barça quiso que Brau acompañara a su estrella hasta en las concentraciones de la selección argentina; su trabajo era simplemente imprescindible. Nadie más sabía cuidar a Messi hasta que éste se hartó. Las razones todavía no se han aclarado: la excusa oficial es que Brau ascendió de cargo y sus responsabilidades, por consiguiente, aumentaron; la versión más morbosa apunta a que el crack argentino se hartó del régimen espartano del recuperador, severo pero siempre exitoso.

La semana de la final de Lisboa se está manchando con demasiadas noticias médicas. Ayer se filtró que Diego Costa hizo un viaje relámpago a Belgrado para someterse al tratamiento enigmático de Marijana Kovacevic, una farmacéutica, que no médica, llamada ‘doctora milagro’. Se da por hecho que los servicios médicos del Atlético de Madrid han autorizado a Costa para que la doctora serbia le regenere el tejido muscular con placenta de caballo; de no ser así, habemus lío..y padre, además. Y para rizar el rizo, Arda Turan se ha traído de Turquía a un médico del Fenerbahce para curar su pubalgia, una lesión que no debería precisar de ayudas médicas especiales. Pero ni Diego Costa ni Arda tienen a su disposición un Pedro Chueca o Juanjo Brau de turno, un recuperador de confianza que arriesgue el todo o nada con un futbolista.

Tampoco Cristiano Ronaldo tiene fisio de confianza. Sí dispone de Pedro Chueca, pero esa relación está a una distancia sideral de la que Mijatovic, Hierro y Raúl mantuvieron con el prestigioso recuperador. Cristiano prefiere curar sus lesiones con el médico de confianza de Jorge Mendes, el doctor Noronha de Oporto, a someterse al examen de los galenos del Madrid. El cabreo de CR7 tiene su explicación: los médicos del Madrid no detectaron unas dolencias en el bíceps femoral que sufrió en la víspera de la vuelta contra el Borussia Dortmund y, además, le pasaron la patata caliente en la semifinal contra el Bayern. Jugar (y posiblemente romperse) dependería del futbolista, de ahí que Cristiano se molestara con esa indecisión. Con este panorama, está claro que faltan más ‘Pedros Chuecas’ en el fútbol.

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Una respuesta a “El fútbol echa de menos a Pedro Chueca”

  1. pedro dice:

    OJALA Y TODOS LOS FISIOTERAPEATAS,FUERAN Y TUVIERAN LA CONDICION Y CONVICCION,DE Q CURAR ES UN DEBER Y UNA OBLIGACION,PARA EL X Q ESTA SU NOMBRE Q YA DE X SI LE HACEN TAN ESPECIAL Y ABSOLUTAMENTE REIMPLAZABLE EN EL R.MADRID

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