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Cesc volverá a ser Patrick Vieira

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“Patrick Vieira estará encantado con la vuelta de Cesc a la Premier”, dijo ayer Gary Lineker, mito con botas y comentarista estrella de la BBC. Lo dijo riéndose con cierta sorna, porque sabía que el barcelonista apunta con fuerza al Chelsea y no a un Arsenal que se ha retirado de la subasta. Y también porque Vieira eligió al español como su sucesor natural  cuando el volante francés daba sus últimos coletazos en Londres. “Está vendido por 33 millones”, deslizó sin querer (o no) Piqué a Del Bosque sin darse cuenta que el micrófono de la sala de prensa estaba encendido. La amistad entre el central y Cesc delata que éste ya sabe que no será bienvenido en Can Barça a la vuelta del mundial; conoce a sus pretendientes, todos ellos atónitos por el hecho de que el Barça quiera soltar a un centrocampista con unas últimas credenciales casi de estrella: 22 asistencias y 13 goles. Mejor que las de Iniesta y Xavi. Es por eso que Manchester United, Arsenal y ahora la suculenta oferta de Mourinho le han obligado a tomar una decisión. El propio Piqué también ha lanzado a la directiva un misil tomahawk por tierra, mar y aire, dejando claro que el club no se ha portado bien con su amigo. Lejos queda ya aquel consejo de padre a hijo, cuando Arsene Wenger recomendó a su discípulo Fábregas “divertirse en Barcelona tal como lo había hecho en el viejo Highbury”.

El deseo cariñoso de Wenger chocó de frente con las intenciones iniciales de Guardiola. El Barça ganó al Madrid en la guerra por Cesc por petición expresa del técnico a Sandro Rosell y, en vez de otorgarle galones de comandante en jefe al estilo Vieira, le metió en la cabeza que su Barça jugaba con ‘falso’ nueve, y ahí entraba en juego el ex gunner. Cesc empezó marcando goles en su primera año culé y arrancó los aplausos del Camp Nou, ‘el hijo pródigo ha vuelto’, rezaba una pancarta en la grada. Fábregas solía merodear el área contraria, pero siempre con el beneplácito de Messi, estrella única e indiscutible. Razón capital para que el de Arenys de Mar mirara de reojo al centro del campo con cierta nostalgia, imaginándose las pillerías que Xavi, Iniesta y él podían pergeñar juntos. En una entrevista a Sky Sport en 2011, Cesc confesó que “le encantaría jugar de Patrick Vieira en el Camp Nou”, en clara alusión a los planes tácticos de Guardiola. La frase no cuajó y el ‘falso’ nueve siguió jugando al escondite entre las defensas rivales. Su rol era demasiado peculiar para un estilo demasiado exclusivo: ningún equipo del planeta imitaba al Barça, sólo la España vertebrada por el propio Barcelona.

La relación entre Cesc y Guardiola contaminó a la opinión pública y, por ende, la de la calle. Sus viajes furtivos a Londres para verse con su nuevo amor, la libanesa Daniella Seeman, hartaron al entrenador, quien creía que esta clase de vida desestabilizaba el establishment que él mismo había creado en el vestuario. En los mentideros azulgranas se decía que Cesc aprovechaba dos días libres para hacer viajes exprés y eso minaba su rendimiento. Fue la causa por la que Guardiola pidió a la directiva deshacerse de él, además de Piqué, Dani Alves y Villa, para poder renovar con todos las garantías en 2012. Pep no era Wenger porque nunca escuchó a Fábregas ni le dio nunca la batuta para demostrar qué había aprendido en el Arsenal. Y Cesc comprendió pronto que él no iba a ser para La Masía el modelo en el que los niños de la escuela gunner se habían fijado como aspiración. Su nueva demarcación requería un esfuerzo hercúleo, moviéndose como una mosca cojonera durante los noventa minutos. No en vano, en una entrevista reciente al diario AS, se quejó de la “rabia que la deba la fama de vago que tenía”.  Desorientado por los cuatro costados, Cesc jamás ha llegado a acomodarse en ningún palmo del césped.

Míchel, ahora entrenador de Olympiakos, comentó una vez que Fábregas “sí habría tenido en el Bernabéu los galones del Arsenal”. Por eso le quiso Florentino Pérez para el Madrid pétreo de Mourinho. Caprichos del destino, el mismo Mourinho ha pedido su fichaje para el nuevo Chelsea que no contará ni con David Luiz ni seguramente con su jugador más talentoso, Eden Hazard. Es decir, que Fábregas sacará la primera plaza de las oposiciones al centro del campo. Para alivio suyo, a Mourinho no se le pasan por la cabeza ‘falsos’ nueves; quiere al catalán delante del timón. Y Cesc puede estar tranquilo: con los equipos de Mou cualquier amago de vagancia desaparece en un abrir y cerrar de ojos.

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