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¡Dónde va Ancelotti sin plantilla!

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El maestro César Menotti solía comentar que “la preocupación del Barça es divertir mientras la del Real Madrid es ganar a toda costa”. La primera vez que se lo escuché fue cuando Joan Laporta rumiaba el despido de Frank Rijkaard por un pésimo comienzo liguero en 2003; la segunda, en pleno apogeo guardiolista que coincidió con el declive de Pellegrini en el año I de Florentino; la tercera, la noche que el Chelsea de Di Matteo oxidó en el Camp Nou el fútbol de salón del mismo Pep, y la última, instantes después de que el Madrid se liberase del peso de la historia con la ‘Décima’. Durante esta pretemporada y sin la imperiosa urgencia de reeditar el cetro europeo, el presidente blanco ha entendido que el Bernabéu necesita algo más que ganar por delante del Barcelona y, por eso, está construyendo una de las mejores plantillas que recuerda la historia blanca. Jorge Valdano dijo una vez que el “mérito” de Fabio Capello en su primer año en el Madrid fue ganarle la Liga al equipo “más compensado y competitivo que vio nunca”, aquel Barcelona de Bobby Robson que tuvo el privilegio exclusivo y mundial de contar con la versión más bestial del brasileño Ronaldo (antes de que ensanchara su silueta hasta recibir el apodo del ‘Gordito’). Ese Ronaldo se comió el mundo en una sola temporada y tan sólo su ausencia por convocatoria internacional en el último tramo de la Liga, privó al Barça de levantar todas las copas. Sin embargo, aquel Barça que mencionó Valdano no pasó el filtro de un Camp Nou que se atrevió a silbar el juego del equipo durante un 6-1 al Valladolid.

El Dream Team creó un estilo al primer toque que todavía se imparte en La Masía. Si Guardiola ha conseguido convertirse en el Platón de la escuela socrática de Cruyff, incluso superándole, el listón para el resto es, simplemente, casi un imposible. Lo fue para Tito y, por supuesto, para un ‘Tata’ Martino que aterrizó en Can Barça como un extraterrestre y sin ningún optimismo para aplicar unas ideas que, a día de hoy, el aficionado español aún desconoce; Martino llegó para no molestar, asumiendo el pacto tácito de una transición, y se ha ido también sin follones.  Michael Laudrup patentó la finura en el Barça de Cruyff y hace unas semanas soltó una reflexión en una entrevista que daría para muchas horas en una tertulia futbolera, pero de fútbol, no salsa rosa: “Luis Enrique tendrá un proyecto largo porque el Barça necesita reencontrar su estilo más que los títulos”. El danés dejó de ser una voz autorizada en Barcelona en el preciso momento en que se convirtió en tránsfuga yéndose al Madrid de Mendoza, pero sus ideas sobre el tapete verde siguen siendo cien por cien culés.

José Mourinho vino con dos obligaciones: la Copa de Europa y volver a meter al Madrid en la élite de Europa. Las bulas papales que le concedió el presidente no fueron suficientes para lo primero, pero sí para incordiar y agotar a Guardiola con una némesis de juego práctico pero aburrido. Entonces, al Madrid del nuevo Florentino parecía que le preocupaba más que el Barça entrara en barrena que inventarse a sí mismo. Mourinho se quemó y Ancelotti vino con ínfulas de “espectacularidad”. Los títulos le han salvado porque eran lo único trascendente en su primer año, pero los fichajes de este verano han cambiado el vademécum del club o, al menos, deberían. James Rodríguez ha causado un éxtasis inimaginable; ídolo de masas en Colombia, su mercadotecnia superará con creces las previsiones del departamento de marketing. Pero lejos de su capacidad de sonreír y posar con una camiseta blanca, chocolatina o bebida gaseosa, James sabe tocar la pelota, bajarla al piso como narran los argentinos y, en definitiva, jugar vistoso. Toni Kroos también, pero su fichaje no está etiquetado como ‘galáctico’.

“¡Dónde va Ancelotti sin plantilla!”, tuiteó con su habitual ironía mi compañero Juanma Rodríguez, una de las plumas más lúcidas del periodismo deportivo. Y no le falta razón: Ancelotti se encuentra con benditas problemas en todas las líneas del campo, pero la que debe emular al Circo del Sol se ha desbordado. James no era necesario en la pizarra táctica de Carletto pero su fichaje es un llamamiento el fútbol control. Cuando la grada se había acostumbrado al juego volátil, el reto del flamante Madrid es, quizá, más complicado que otra Champions: divertir en televisión. Con su estilo imperialista, el club ha decidió que no sólo quiere abusar en los mercados, también en el césped. Claro que eso es más complicado. El vestuario ya no tiene excusas cuando la prensa ataque con dudas en el juego, porque la manoseada adaptación de los nuevos (coartada número uno en este deporte) tendrá una caducidad muy corta. “Ganar machacando y respetando”, dice un directivo del club en petit comité. Por una vez, las preocupaciones del Bernabéu serán las mismas que en el Camp Nou.

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