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Di María y los viejos fantasmas de Makelele

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La inminente salida de Ángel Di María podría revivir los viejos fantasmas de Makelele. En pleno apogeo galáctico, el centrocampista y destroyer francés para cualquier táctica enemiga, pidió un aumento a Florentino Pérez por méritos en el campo de batalla. Entonces, afición y prensa coincidieron que Makelele era el responsable del inevitable trabajo sucio, el que curraba entre bambalinas para que Zidane, Figo, Ronaldo y Raúl recibieran reverencias en el escenario. Pero el presidente y Jorge Valdano no accedieron a las pretensiones de Claude ‘el imprescindible’  y Roman Abramovich aprovechó el cajón desastre del Bernabéu para comprar una de las vigas maestras de su primer proyecto faraónico. Makelele no tuvo sustituto y quizá ésa fue la primera causa del famoso galacticidio; a Di María sí le han traído remplazo, uno que de momento vende tantas camisetas en Colombia como David Beckham en el Sudeste Asiático. Sin embargo, Di María ha ganado una pelea de la que muy pocos están al alcance: avergonzar al Bernabéu por tocamiento de huevos y reconciliarse con el mismo estadio precisamente por huevos. Terminó la final de Lisboa con la camiseta empapada, cláusula fundamental para arrancar aplausos en Chamartín, y desde hace tiempo venía pidiendo más pasta en su contrato. Sin duda, lo iba mereciendo.

El diario MARCA publicó ayer en portada que el Paris Saint Germain ha ofertado por Di María con un precio mareante: ochenta millones redondos y un contrato que permite al argentino comprarse un yate de eslora generosa en Saint-Tropez. Al final, todo se reduce al dinero. Porque cuando Di María raje (que lo hará) en alguna entrevista medio furtiva, usará la coartada por excelencia de los futbolistas: ‘no me querían en el club’. Y no será por la afición que hoy le aclama y ayer le silbaba. Escogido a dedo por Mourinho a los pocos días de acceder al banquillo merengue, Di María tenía la pinta de un Solari moderno; es decir, un banquillero de lujo que se acoplaría en un pispás a ese sistema acorazado del contraataque. Y como buen argentino pasional, peleó y se desvivió por un puesto titular y, cuando lo consiguió, él mismo lo perdió por una sorprendente dejadez. Quién no se acuerda de aquella frase con la que Mourinho lapidó al argentino: “Cuando Di María ganaba poco dinero, jugaba mucho. Ahora que gana mucho, no juega ni mucho ni poco”. El jugador recibió la colleja y entendió que debía ganarse la confianza perdida del entrenador. Pero ya era tarde y, como la mayoría del vestuario, necesitaba oxigenarse con un nuevo míster

El problema de Di María o su entorno ha sido la impertinencia. Su representante, Eugenio López, lanzó un mísil contra Florentino diciendo en radio La Red que tenía contrato pero también “importantes ofertas. Y eso era un tema presidencial”. Fue un primer paso equivocado para reclamar una subida justo cuando la grada pitaba al jugador balón sí balón no. No obstante, la directiva blanca todavía no se había sacudido ese don de la inoportunidad: Mustafa Özil, padre y representante de Mesut, también pidió cita en la planta noble del club para renegociar el contrato de su hijo en el peor momento de su carrera, cuando Özil apenas aguantaba una hora sobre el campo porque se le enrojecían los mofletes por agotamiento físico. El Madrid obsequió a Ancelotti con la potestad de elegir a uno de los dos, con el agravante para el alemán de que el Arsenal le quería a toda costa por casi cincuenta ‘kilos’. Finalmente, el técnico italiano decidió que Di María sudaba más la camiseta, al menos en los entrenamientos.

Vender a Di María por ochenta millones, si es que al final son ochenta, es el mejor negocio de la historia blanca. Dicho simplonamente, es un trueque entre James Rodríguez y  el argentino, a sabiendas que Di María terminó la temporada como un torbellino y fue el mejor argentino del Mundial. Ancelotti le quiere en el vestuario pero acabará aceptando que el Madrid es una mole a la que se necesita meter paletadas de comida. Y el PSG ofrece la más vasta de todas. Puede que Florentino Pérez aún tenga en mente el craso error de Makelele cada vez que negocia la venta de un jugador potable para la grada; en el caso de Di María, siempre podrá justificar que James no dio la talla. Si es que vuelven los fantasmas, claro.

 

 

 

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3 respuestas a “Di María y los viejos fantasmas de Makelele”

  1. Pela dice:

    Un error muy grande dejar escapar a Di María, salvo que el club apueste reinvertir parte de esos 80 kilos en traer a alguien parecido y capaz de trabajar en el centro del campo. Asumir un cambio Di María-James es una apuesta muy muy arriesgada, porque James no va trabajar lo mismo que el argentino ni juega en las mismas posiciones.

  2. OsKar108 dice:

    No digas “afición y prensa coincidieron que Makelele era el responsable del inevitable trabajo sucio, el que curraba entre bambalinas para que Zidane, Figo, Ronaldo y Raúl recibieran reverencias en el escenario” porque hasta un tiempo después de su marcha ni buena parte de la afición ni la mayoría de la prensa le apreciaban a penas por ‘tronco’ según muchos, que aún seguís viendo el futbol de casi igual manera,basta ver cualquier encuesta sobre ‘alineaciones para la temporada’ en la que no hay nunca nadie que pueda aportar equilibrio al equipo, y hay defensas porque se suele exigir un mínimo de ellos en las mismas, que si no solo habría goleadores y jugadores de ataque, pero bueno a toro pasado siempre se cuenta todo mucho mejor…

    ¡Saludos!

  3. Javier C dice:

    La marcha de makelele fue una cagada del mierda ese argentino que va de bien habalo y mete cada rajada que te cagas. Valdano me parece que se llama. Makelele era un portento y bastaba poco para tenerlo contento. Un buen tio. Pero claro, pachulo Valdano que al final resulto un mierda traidor. En fin, desprenderse de Dí María es un error.

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