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Una bendita decisión

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Diciembre de 1994. Míchel se rompe los ligamentos en Anoeta y al entonces técnico merengue, Jorge Valdano, se le desmonta el puzle táctico. El equipo se queda el resto de la temporada sin los centros del mítico ‘8’ y al presidente, Ramón Mendoza, le entra el enésimo tembleque: sabe que otra Liga más sin premio pondría demasiado nervioso al madridismo. La solución de cajón es cubrir el puesto de Míchel con Rafa Vázquez y el de éste en la izquierda con Amavisca; moviendo estas piezas, la ecuación acabaría con un novato llamado Raúl González Blanco en la delantera junto a Zamorano. Sin embargo, Mendoza fichó a Valdano para aplacar al Dream Team de Cruyff con dosis de buen juego (al menos, más divertido que el estilo lento y telegrafiado de Benito Floro) y, sobre todo, tomar decisiones arriesgadas. Cuatro días después, el entrenador activa el primer plan pos Míchel en el Bernabéu contra el desconocido Odense danés.

El Bernabéu se impacienta porque el Madrid no es capaz de matar la eliminatoria contra un equipo plagado de futbolistas semiprofesionales con oficios de mecánicos y panaderos. Martín Vázquez apenas desdobla por la banda derecha y la grada sospecha que la lesión de Míchel ha maldecido la banda derecha. De repente, un error de Alkorta; a continuación, otro de Nando y el Odense revienta todas las quinielas imaginables. Las reacciones pasionales de Mendoza eran bien conocidas en el mundillo: la prensa empieza a barruntar una posible destitución de Valdano. El Madrid es líder en la Liga empatado a puntos con Deportivo y Zaragoza, pero en el vestuario cala la honda sensación de que la sombra de Míchel es demasiado alargada. Esa misma semana el Madrid vence a un insípido Oviedo pero Martín Vázquez tampoco cuaja. Días después, Valdano habla con Luis Enrique a solas durante un entrenamiento sin aclarar en público el contenido de la conversación. Y el argentino, consciente de que la siguiente alineación contra el Valladolid es la comidilla de los reporteros en la vieja Ciudad Deportiva, prefiere no ensayar con el once titular.

El Madrid viaja a Zorrilla y los periódicos colocan en sus previas a Martín Vázquez en la banda maldita. Es entonces cuando el equipo salta al césped y Luis Enrique se aproxima a la línea de cal…¡de la derecha! Sorpresa a la vista: de lateral izquierdo a extremo derecho. Luis Enrique coge un balón, sortea a un defensa y 0-1. El asturiano desangra a la zaga vallisoletana todo el partido y la herida acaba con un contundente 0-5. Exactamente el mismo resultado que en el clásico del Bernabéu posterior a Navidades. Preguntado en rueda de prensa en pleno fervor por la manita conseguida, Valdano justifica la elección de Luis Enrique como una “bendita decisión. Casi lo mejor que hemos hecho desde que llegamos al club”.

Sami Khedira ha trastocado los planes de Ancelotti hasta un límite insospechado. El que marca la fatalidad de haber perdido a Xabi Alonso en un pispás; de volver a ver a Khedira postrado en una camilla y, sobre todo, de sospechar de Illarramendi, todavía hecho un flan para partidos de alta alcurnia como el derbi del sábado. Durante estos días han salido alternativas estrambóticas: Varane en una especie de ‘trivote’, Bale en el centro del campo con Modric y Kroos…todo un mar de dudas que convierten a la que hace dos semanas era la plantilla más compensada de la historia en un once dibujado con mil garabatos. En estos momentos el técnico blanco todavía estará meditando su decisión bendita. La lógica apunta a Illarramendi, el miedo a Varane y el riesgo a Bale. Valdano también se devanó los sesos y acabó acertando con la suya. 

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