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Xavi, Giggs…mitos que se sacrifican

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Ryan Giggs pidió consejo a Sir Alex Ferguson sobre una oferta millonaria de Estados Unidos. El Cosmos de Nueva York quería relanzar la fama que le dio Pelé en la década de los setenta y propuso a Giggs, de entonces 36 años, finiquitar su carrera en una liga de fogueo. En el verano de 2010 Giggs ya no era titular indiscutible para Ferguson, pero seguía ejerciendo de consejero espiritual en el vestuario de Old Trafford. “Eres como un mito en este club y la decisión es tuya. Pero si te quedas, seguirás siendo referente”; ésa fue la respuesta textual del técnico escocés, según el Daily Mail.  Giggs ya era todo un veterano de guerra y su frescura no era la misma que la del pipiolo que reclutó Fergie para su bautismo de fuego contra el Everton en marzo de 1991. Aceptara o no la oferta del Cosmos, la afición le seguiría rindiendo pleitesía por sus casi veinte años de incombustible servicio. Su competidor natural, el coreano Park, tenía más velocidad y, sobre todo, rapidez de piernas en aquel inolvidable zigzag que patentó Giggs en la banda de Old Trafford; sin embargo, Ferguson apostilló su charla con el galés  (siempre según el Mail) recordándole que “cerebros como el suyo no los tenía en la plantilla”.

Nunca hemos sabido si aquella conversación motivó a Giggs para seguir renovando año a año con el club de sus amores. Lo que sí comprobó todo el mundo fue la conversión del extremo galés en centrocampista organizador: velocidad por cerebro, la nueva virtud del casi cuarentón. Xavi Hernández ha reconocido delante del micrófono que le bastó una conversación con Luis Enrique para pensárselo dos veces. Catar le había  seducido con petrodólares y Estados Unidos con una liga de genios medio retirados. Incluso, él había mandado sms a su gente anunciando su despedida, pero ofertas insuficientes o la persuasión definitiva de Luis Enrique le retuvieron en Can Barça. En una entrevista reciente con Fiebre Maldini, Xavi reconoció que su nuevo entrenador le da el mismo feeling que Guardiola al principio de su primer año. Callado sin armar follón, Xavi siente que su segunda juventud pasa por competir tanto como decida el técnico. Esta temporada no sentirá las piernas pesadas como si arrastrara grilletes ni se le nublarán las ideas porque, a priori, va a jugar con cuentagotas. De momento, el mito calienta banquillo sin rechistar y, por eso, el barcelonismo le aplaude su sacrificio a la mínima que Luis Enrique le ha colocado en el expositor.

El Barça echó de menos a Xavi en Málaga a pesar de la tozudez de Luis Enrique, del que huelga decir que morirá con sus ideas. Y ese mismo equipo bailó al Granada al son del que ha sido (y lo será por décadas) mejor centrocampista de nuestra historia. Quizá vuelva al banquillo en Paris para ejercer de revulsivo o como mera comparsa, pero el lujo de tenerle en la banda esperando rascar minutos como cualquier canterano se sale del estereotipo de estrella mimada. Bien por Xavi, al que algunos seguidores de ‘La Roja’ le tomen ya por una reliquia. Juegue o no, el cerebro del gran Barça sigue maquinando jugadas por amor propio o al servicio de su majestad: el Barça, su club. “Jugar otra vez noventa minutos. Me quedo con eso”, parece que el capitán se exige a sí mismo muy poco: error. Es el punto de partida de una leyenda reciclada que pelea a contrarreloj contra el mismísimo tiempo. Y al igual que la afición del Manchester United, la azulgrana también entiende de mitos que se sacrifican y no sacrificados con permanentes juicios públicos. Pero eso es otra historia.

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