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Jesé, a ritmo de Flow

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“Jesé no saldrá del Real Madrid por recomendación de los técnicos de la casa. Es un chico especial al que hay que cuidar y tenerle controlado”. Fue el discurso que solía contar Florentino Pérez a modo de disco rayado en reuniones privadas. Casi nueve meses después el club ha esperado a Jesé porque cree que sigue siendo el último producto perfecto de La Fábrica. Butragueño recuperó la mística de la cantera blanca, Raúl la encumbró y Casillas ha sido el último testigo de una de las escuelas de fútbol más exigentes desde siempre. Las expectativas con Jesé son tan altas que el club, incluso,  cuida sus declaraciones públicas. Ya no es aquel chico díscolo e impulsivo que ponía en jaque al Madrid con rajadas como la que brindó al MARCA preguntándose por qué no le deban una oportunidad en el primer equipo. Su actitud de rebelde con causa hizo actuar al mismo Florentino, quien habló con él garantizándole su apoyo total con la condición de que terminase de reventar en el Castilla hace dos años. Y así lo hizo, a pesar de la ceguera de Mourinho. El portugués apenas le brindó un puñado de minutos en su última gira veraniega de Estados Unidos; después, durante la temporada, le ignoró incluso en el momento más explosivo del

Nunca ha dejado de ser el canterano de moda, ni siquiera tumbado en una camilla o recuperándose con esas largas y tediosas sesiones en la playa. Ancelotti le mima con tal cariño, que ha entendido a la perfección el mensaje del presidente. Jesé ha cursado un máster acelerado del buen madridista: pelea y busca goles como un rottweiller y si el balón no entra, aprieta los dientes y a currarse otra jugada.  Como buen goleador, no necesita ubicar la portería, tiene las medidas bien aprendidas. Y como buen fajador, le da igual romper bloques de hormigón, como el del Atleti, o defensas de cartón piedra, que las hay y muchas en esta Liga. Quizá aún sea pronto insinuarlo, pero Jesé es de los que se encienden con el “¡Illa, illa, illa, Juanito, maravilla!”, y eso excita al Bernabéu. Pero la sensación que más regusto da al público merengue es que siempre puede pasar algo en las botas del canario: un regate, un pase de gol o la pelota dentro de la red. Sea o no titular, Jesé lo tiene claro: juega tan rápido como cantaba en su grupo de rap-reggaeton, Big Flow (ahora quiere hacer sus pinitos musicales en solitario). Le va la marcha y en el vestuario blanco saben y quieren proteger a la gente valiente. Su rentrée así lo demuestra.

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