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¿Síntomas de ‘galacticidio’?

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Arjen Robben suele arrancar desde la banda derecha y tiende a driblar hacia dentro, paralelo a la portería, hasta encontrar el ángulo perfecto para su rosca característica. A Leo Messi le gusta regatear piernas en el balcón del área y soltar un putt preciso al lado de la cepa del poste. Isco también ha aprendido a fotocopiar sus goles pero él prefiere pegarse la pelota con pegamento desde el vértice izquierdo del área, amagar cuantas veces requiera el defensa y conectar un disparo curvo a media altura. Y no suele fallar en su ejecución porque, como mínimo, el balón se estampa contra el palo. Ayer repitió ese latigazo liftado para sacar al Madrid de un serio apuro; la pelota cogió altura y sólo bajo para besar la red. El Bernabéu suspiró aliviado con su nuevo ídolo de masas porque el sopor que brindan los merengues promete las mismas sensaciones que jugar a la ruleta rusa. La probabilidad es que el Madrid gane casi siempre, pero ahora mismo le puede salir el partido tonto en cualquier momento. Mientras Cristiano Ronaldo actúe como el nuevo monsieur l’empané, Isco tendrá que muscular la espalda para aguantar el peso de un transatlántico de 500 millones.

Los plebiscitos del coliseo blanco dieron tanto morbo al partido, que este domingo los pseudo-informativos de deportes se han viciado a meter audímetros de las pitadas. Cualquier otra afición se habría conjurado en un estruendoso aplauso antes del pitido inicial, pero el Bernabéu (como el Camp Nou) es el tendido ‘siete’ de Las Ventas y no soporta ridículos históricos (derbi) ni carnaza periodística regada con salsa rosa (cumpleaños de Cristiano).  En el ojo del huracán Casillas, Ronaldo y Ancelotti. La letanía con el portero vuelve a debate: en cualquier otro país el respeto a los ídolos es innegociable, en España lo único innegociable es el rencor. De algunos, sin generalizar. Por si acaso y para redimirse del gol de Tiago, el capitán sacó un balón en pose argentina y otro en acto reflejo. Con Cristiano el murmullo aumentó demasiado los decibelios: sigue siendo el líder en horas bajas, aunque su exagerada ambición tiene la oportunidad de resarcirse porque casi ha tocado fondo. Y a Ancelotti le suplican a gritos la fórmula Luis Enrique, tan abominable a principio de temporada como aplaudida en estos momentos: rotaciones. Paco González no lo pudo expresar mejor en Tiempo de Juego: “Bale y Kroos beben agua como si fueran Lawrence de Arabia. Parecen muertos”. Ser agorero huele a ventajista, pero sólo hace falta echar un vistazo a las redes sociales para encontrar el término ‘galacticidio’ con una facilidad pasmosa. El Madrid sobrado de Carletto, el galáctico de Queiroz, ¿se acuerdan?

En aquella época megalomaniaca del Madrid, Zidane confesó a Ludovic Giuly, entonces jugador del Monaco, que estaban literalmente “agotados” durante el descanso que precedió a la catástrofe merengue en los cuartos de final de Champions en el estadio Luis II. La plantilla de pasarela Cibeles resultó ser los mismos “once cabrones de siempre” (copyright de JB Toshack) más Santi Solari, el banquillero de lujo. Ancelotti mira de reojo a su banquillo de circunstancias y sólo encuentra potable a Jesé. No habría sido mal día sacarle ayer para dejar al potro galés en la cuadra. El fútbol anterior a Navidad se ha ralentizado tanto como el Ferrari que no puede adelantar al Mercedes en recta ni con el DRS enchufado. Y la mejor noticia es que fue el Depor quien pisó el Bernabéu, la suerte del bombo europeo no ha querido meter por medio al Paris Saint Germain o la Juve. Ibrahimovic o Pogba no iban a ser tan condescendientes. 

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