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Isco rebate a Iniesta

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Michael Laudrup salió ovacionado de San Mamés en la noche que Raúl agradeció a Valdano la oportunidad de su vida. El danés resolvió dos mano a mano y puso otro par de esas asistencias sin mirar a Zamorano y al entonces joven canterano. El 0-5 provocó en la grada un cabreo monumental que mutó en aplausos justo en el minuto que Laudrup fue sustituido por Juan Eduardo Esnáider. Las hostilidades históricas del Athletic fueron ignoradas por un público que reconoció la delicatessen danesa con un estruendoso aplauso. Menos imponente pero sí más impactante (de hecho dio la vuelta al mundo) fue ver cómo el Santiago Bernabéu hincaba la rodilla ante la genialidad de Ronaldinho. Él solo empequeñeció al Real Madrid como un gigante entre liliputienses, y aquel socio con bigote canoso y su hijo no tuvieron ningún reparo en aplaudir de pie al astro brasileño. Andrés Iniesta también recibió interminables tributos por su gol eterno en Sudáfrica y, por qué no reconocerlo,  por su plasticidad exclusiva. Si algún aficionado piensa en un jugador español parecido a Oliver y Benji, desde que luego que siempre sale Iniesta. O salía, porque le ha surgido un competidor demasiado precoz para ganarse el favor de aficiones ajenas.

La grada del Martínez Valero estaba esperando su cambio. La compilación de fintas, regates, amagos y pases versión Laudrup que dejó a modo de greatest hits se habría vendido en Elche tanto como el partido del ascenso a Primera del equipo ilicitano. Isco calentó demasiado banquillo la temporada pasada porque “su cabeza no estaba bien amueblada”, o eso dicen desde la planta noble del Bernabéu. Necesitaba macerar su talento, dejarlo campar a sus anchas sin soltarle la correa. Y parece que la tutela de Ancelotti ha funcionado. El malagueño dejó de ser banquillero de lujo la semana que Modric se rompió durante un Italia-Croacia. Pero lejos de recrear un panorama tremendista, Carletto charló con Isco y le sugirió que perdiese el miedo escénico, que se imaginara flirteando con el balón delante de varios anfiteatros como lo hacía en los arrabales de Benalmádena, su municipio natal. Isco entendió que el Bernabéu no aplaudía a los tímidos; al revés, les incordiaba con su murmullo característico. Fue entonces cuando tomó la decisión de separar el grano de la paja, de ser simple y llanamente útil, pero con arte, claro.

Fernando Hierro, asistente de Ancelotti, le ha servido de improvisado consigliere: “A veces dos regates salen mejor que tres y una bicicleta resuelve la jugada mejor que dos”. El madridista sigue siendo una esponja en plena absorción, aprobando doctorados cada domingo y cursando un máster acelerado detrás de otro. El equipo se ha tomado tan en serio su papel de niño prodigio, que apenas le importa lo que se dice en las barras de los bares: el Madrid divierte (y se divierte) con Isco sobre el tapete. Cualquier otra lectura sería mentir al aficionado. “Será el jugador más importante de España”. Palabra de su capitán, Iker Casillas, al que no le cuesta reconocer una realidad cada vez más indiscutible. Con Iniesta en horas bajas, el casting de ilusionistas lo domina el Isco que buscaba Florentino Pérez. En su ansia por comprar Balones de Oro, el presidente, aconsejado por la dirección deportiva, decidió darse un antojo: un talento español que, con la presión adecuada, podría rebatir a sus admirados Iniesta y Xavi Hernández en algunas discusiones. Y lo está consiguiendo. 

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