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La noche de los secundarios

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“Estos derbis recuerdan a los Real Madrid-Bayern Munich de hace 15 años”. Lo piensa uno de los pesos pesados del vestuario blanco y quizá no le falte razón. En las broncas no está metido Effenberg pero sí Mandzukic; Carvajal incordia tanto como Salihamidzic y esa intensidad bávara que tanto ama Simeone también mantuvo espabilado al Madrid. Faltaron los goles porque los blancos revivieron las pesadillas de Kahn en otro gigante de la portería. Apareció Oblak para dejar atónito al Calderón e insinuar que sí es posible crear un Courtois de laboratorio. En una sola parte acumuló más paradas que el mítico David Barrufet en muchos partidos de balonmano; necesitaba reivindicarse en España, porque en Portugal (jugó en el Benfica) sí entendieron el P.V.P. de 16 millones que pagó el Atlético. Oblak sacó mil tentáculos y al Madrid le volvió a traicionar la pegada, su coartada para tapar innumerables bodrios. En el Camp Nou torció el disparo y en el Calderón lo intentó por tierra, mar y aire. Y como el fútbol es injusto, cuando una estrella llamada Gareth Bale cuesta 90 millones (o 100 si preguntan al Tottenham), el mano a mano inicial debe entrar sí o sí.

En la noche de los secundarios, Varane dio otro paso adelante en su meteórica carrera. Es el Hierro 2.0 y el club le cuida en tal consideración (en Chamartín Fernando Hierro siguen siendo palabras mayores).  La galopada de setenta metros con la que arrancó desde su área es digna para estudiar en entrenamientos de velocistas olímpicos; al lado de Ramos y Pepe, ha acelerado su máster de aprendizaje y pronto llegará el momento que asuma el rol de capo. Si Oblak detuvo toda la artillería pesada del Madrid, Varane desarmó el ataque de Pearl Harbor de Simeone. Su cabeza rebotó cualquier balón inteligente programado para Godín o Mandzukic. Este último desquiciado por los codos de Ramos y los forcejeos de Carvajal. ¿Hubo mordisco? Las imágenes aclaran que no.

Otro artista entre bambalinas que también reclamó en el campo mejora de contrato fue Marcelo. Su fama de brasileño alocado nunca le ha permitido compararse con Roberto Carlos, ni siquiera asomarse a él. Sin embargo, el mítico lateral dijo la semana pasada en COPE que Marcelo le parecía el mejor del mundo en su posición. Desde luego, cuando está enchufado y se remanga en defensa, la banda izquierda se le queda pequeña. De pequeño jugaba al fútbol sala en Brasil y ese talento lo ha extrapolado al fútbol profesional: su capacidad para zigzaguear en un metro cuadrado la echará de menos el Bernabéu en la vuelta. Y aunque su trabajo sea más oscuro, al ‘Cholo’ también se le complica el sudoku sin Mario Suárez, un Makelele fornido cuyo oficio de fontanero alivia al técnico argentino.

El Atlético demostró que en alardes físicos no le gana nadie, ni siquiera el portentoso Madrid de la primera parte. Es más, cinco minutos más y los merengues tendrían que haber llamado al Coronel Trauman en Acorralado. Fueron dos versiones: la del campeón de Europa luciendo su corona y la del Atleti sacando los colmillos vampíricos para chuparle la sangre al extenuado Madrid de los últimos minutos. Total, que el empate es un botín que no disgusta al cuerpo técnico del ‘Cholo’ y, en el fondo, sí preocupa a los blancos. Los rojiblancos apelarán a ese lema invertido de ‘Se busca rival digno para derbi decente’, mientras que la esencia madridista de siempre es dinamitar la eliminatoria en su caldera. El ‘espíritu Juanito’ y sus noventa minuti en el Bernabeu son molto longo martillearán las calles de la capital durante una semana. Suenan tambores de guerra, como en la época ye-yé, cuando se decía que el archienemigo del Madrid no era el Barça sino el Atlético.

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