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La trituradora

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 “¿Ancelotti en el minuto 92 estaba más fuera que dentro del Madrid? No, ni yo, que algo también he leído. La temporada era objetivamente buena con un proyecto que acabamos de empezar, con un entrenador nuevo y siete futbolistas que han venido esta temporada. Vamos a seguir mejorándolo, pero necesitamos un poco de tiempo y, sobre todo, de estabilidad”. Florentino Pérez en El Partido de las 12 el pasado 26 de mayo de 2014. El éxtasis de la ‘Décima’ había hipnotizado al presidente que, por un instante, imaginó de veras que Carletto iba a ser el “Ferguson del Madrid”. El trasiego de entrenadores tocaba a su fin con el ‘pacificador’ que había acabado con el manicomio del vestuario. La imagen de Ancelotti en la sala de prensa de Lisboa empapado de champán y coreado por algunos jugadores parecía cambiar esa imagen de trituradora que tanto han temido los entrenadores que han pasado por la silla eléctrica a excepción de José Mourinho. La “estabilidad” proclamada era el comienzo del fin de una picadora de carne llamada Real Madrid. Sin embargo, al club blanco le sucede como al mejor Federer de todos los tiempos (el de hace cuatro o cinco años): cualquier resultado que no sean títulos es fracasar. Y gran parte del madridismo entiende que eso es el adn de la grandeza del Madrid.

Ancelotti ha cometido errores de bulto, de entrenador novato, quizá creyendo que su experiencia y la inercia goleadora del Madrid arrastraría algún título. Al fin y al cabo, en esta ‘Liga de mierda’ (Del Nido dixit) el premio menor es acabar segundo y es complicado que la  Champions te apee antes de cuartos de final. Pero en el informe sobre el técnico ha pesado demasiado la mala dosificación física del equipo, que recordó al desplome del ‘galacticidio’; ubicaciones indefinibles, como el puñetero ‘5’ de Toni Kroos que le ha obligado a jugar como un péndulo en vez de repartir cartas como un crupier; el galimatías táctico de Sergio Ramos en la semifinal contra la Juve y, lo más criticado en la planta noble del Bernabéu, las infinitas lesiones musculares que han lastrado el ritmo competitivo. Y en el trasfondo del escáner al italiano, el pensamiento eterno de Florentino, que no cree en proyectos de entrenadores. Por eso, en su Madrid nunca habrá un Barça de Cruyff o de Guardiola. Ni siquiera de Rijkaard.

Quizá Ancelotti y su buen rollo con el vestuario (no todos, por cierto) merecían una segunda oportunidad, pero el miedo de Florentino a que la grada se hartase del césped y sacase los pañuelos al palco también habrá rondado por su cabeza. Ancelotti gustó hasta que perdió en Mestalla y el proyecto empezó a resquebrajarse. El repaso liguero-copero del Atleti y la decisiva derrota en el Camp Nou provocaron en la masa social ese murmullo del que el presidente suele estar atento a través de sus encuestas internas. Sí, el Madrid había conseguido 22 victorias consecutivas, pero sólo había tumbado al Barça en el Bernabéu. Hace pocas semanas hubo algún directivo que se atrevió a comentar en privado que Fabio Capello habría puesto firmes a unos jugadores extenuados por el kilometraje y la gestión de sus egos. De repente, Cristiano cabreado con el mundo; Isco decepcionado con su suplencia y Casillas pasmado por la furibunda reacción de un sector del Bernabéu. Las pistas que delatan al presidente con los sucesivos despidos del banquillo son claras: el Madrid no necesita un entrenador, sino un gestor de caprichos con guante de seda y que sepa sacar el martillo de vez en cuando. Por eso, Florentino otorgó poderes plenipotenciarios a Mourinho.

De la blandura de Pellegrini al desafiante Mourinho, cambiado éste por el bonachón de Ancelotti para acabar en el táctico y currante Rafa Benítez. Estilos antagónicos que encajan como un molde en este Real Madrid mientras caigan las copas. Alguna, por lo menos. Precisamente, Benítez fue la pedrada de José Ángel Sánchez, brazo ejecutivo y ejecutor de la directiva, en la rentrée de Florentino en 2009. Pesó más la opinión de Jorge Valdano. Y el presidente supo que se había equivocado. Seis temporadas después, ha hecho caso a su máximo hombre de confianza: Benítez entrenará al Madrid….un rato, al menos.

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