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Bartomeu saca los panzer

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“Si Juan Villalonga se ha adjudicado un salario de 1000 millones de pesetas, no entiendo por qué Raúl no puede cobrarlos”. Fue la justificación del ex presidente del Real Madrid, Lorenzo Sanz, al programa Supergarcía el día que el club anunció la ampliación de contrato de su estrella madrileña. Sanz maniobró antes de convocar elecciones anticipadas para ganarse el favor de la gran masa social: recién ganada la ‘Octava’ en el año 2000 y para neutralizar el aluvión de ofertas por Raúl (el presidente José Luis Núñez dijo meses antes que un abogado había ofrecido a Raúl al Barça), la directiva merengue brindó al ‘7’ el contrato de su vida con el primer sueldo galáctico del Madrid. Y sin prometer grandes fichajes, tan sólo Diego Tristán, entonces delantero de moda en el Depor, el presidente de las dos Champions anticipó el periodo electoral. El desenlace de aquellas elecciones pertenece a la memoria histórica: Florentino Pérez y 10.000 millones de pesetas trajeron a Luis Figo.

Josep María Bartomeu ha sacado la artillería pesada desde su privilegiada poltrona. Anunció elecciones por presión popular y remordimiento de conciencia, pero antes sacó el Gran Berta para intimidar a los rivales. El primer cañonazo fue la renovación de Dani Alves. Cuando todo estaba perdido, el brasileño olvidó que había rociado con napalm a la directiva días antes. La Champions de Berlín y el clamor del Camp Nou durante la noche de los festejos han convencido al lateral. Quizás haya pesado más la sugerencia de Leo Messi, amigo íntimo de Alves en el vestuario. El caso es que la incertidumbre del jugador provocó el fichaje relámpago de Aleix Vidal, velocista explosivo del Sevilla al que no le importa entrenarse sin jugar durante media temporada. Oficialmente, Alves se queda porque mudar a sus hijos de ciudad le supone un marrón de proporciones bíblicas; extraoficialmente, el Barça le ha soltado un contrato “más que interesante”, como dice Miguel Rico. Hablando en plata, Bartomeu ha evitado el runrún de la grada: querían a Alves y le seguirán teniendo.

El discurso del presidente arrancó más fuerte que el mítico de Steve Jobs en la Universidad de Stanford. Su primer bombazo fue ampliar el contrato al esquivo Luis Enrique, que durante seis meses ignoró las preguntas capciosas de los periodistas. El entrenador del triplete no podía sufrir un final dramático. Arreglado (o congelado) el lío con Messi, el vestuario había salido en defensa de su técnico. Y habría sido demasiado feo si Luis Enrique hubiese anunciado el adiós: otra convulsión inesperada en Can Barça. Instantes después de la buena nueva y habiendo tocado la fibra del soci, anunció lo que a todo seguidor le gusta escuchar de refilón, sin mucha parrafada, para poder presumir en charletas de barra de bar: el Barça firmó un contratazo con Qatar Airways y mantiene saneada la tesorería. Clin, clin, caja. Que para fichar a Luis Suárez por 81 ‘kilos’ y a Neymar por 52 o casi cien redondos (nunca lo sabremos), se necesita dinero líquido o, al menos, aparentarlo.

Bartomeu ya ha diseccionado su programa electoral, poco puede mejorarlo salvo en la relación tormentosa del club y los juzgados. Justo el dardo que ha lanzado el directivo díscolo, Toni Freixa, candidato entre bambalinas que dará guerra en este periodo electoral. ¿Y Laporta? “Es el gran mesías para acabar con el nido de yuppies  que llegó a la directiva con Sandro Rosell”, dice un ejecutivo que pertenecía a la guardia pretoriana de Laporta al principio de su mandato. Su fantasma es el despilfarro a talegada limpia, pequeña gran anécdota que los contrincantes no tardarán en escupir. Se intuyen elecciones a tumba abierta, entre la trinchera y el campo de batalla. Pero Bartomeu dirige los panzer y, excepto Laporta, el resto se huele un aplastamiento total. 

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