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El “antimadridismo” de Van Gaal

“El antimadridismo de Louis Van Gaal está torpedeando el fichaje de De Gea”. Es la reflexión de un cargo intermedio del Real Madrid y, dados los antecedentes, su opinión huele más a diagnóstico frío y calculador que a un arrebato emocional. El técnico holandés ha dejado un buen reguero de rajadas contra el club blanco, que no esconden una manía que nació en un Madrid-Ajax de 1995. Entonces, el Ajax de Van Gaal creó escuela por toda Europa y se presentó en el Bernabéu para darse uno de los mayores festines que ha presenciado la grada merengue. Acabó 0-2, pero pudo ser un 0-7 si Patrick Kluivert no hubiera fallado más que una escopeta de feria y el árbitro no hubiese anulado dos goles legales. “Los árbitros en este estadio ya se sabe cómo van a actuar”, comentó Van Gaal en la rueda de prensa posterior (22/11/95). Dos años después, el Barcelona ganó el clásico en el Bernabéu con aquel gol de las ‘butifarras’ de Giovanni, y Van Gaal volvió a quedarse a gusto: “Fernando Hierro tiene reglas diferentes al resto” (01/11/97), en referencia a una bronca entre el central y Rivaldo.  Meses después, el Barça goleó al Madrid en el Camp Nou y, preguntado por las claves de la victoria, el holandés lanzó otro tomahawk: “La diferencia es que nosotros tenemos a Rivaldo y Figo, y sin gastar tanto dinero como ellos” (07/03/98).

La traca final sucedió en el palco de honor del Bernabéu. Van Gaal presenció el ascenso a Segunda División del filial azulgrana y celebró los goles con demasiada efusividad. O al menos fue lo que pensó el ex presidente Lorenzo Sanz que le declaró personan non grata en el coliseo blanco advirtiéndole que se fuera a “berrear a su casa”. Alejado de los focos durante varios años, Van Gaal reactivó su guerra fría contra el Madrid la noche que el Bayern jugó la final de Champions 2010 contra el Inter de Mourinho en el estadio de los líos. “Ganar aquí tendría un gusto muy especial”, comentó el entonces entrenador del Bayern a un corrillo de periodistas en la semana previa. Lejos de querer adularlo, provocar al Madrid delante de las cámaras era una de sus obsesiones favoritas. El verano pasado no quiso protagonizar otro circo mediático con el affaire Di María; simplemente, pidió su fichaje exprés y se mordió la lengua cada vez que un periodista inglés le preguntaba por los 80 millones que costó su ‘capricho’. Pero Van Gaal sabía que tarde o temprano podría cobrarse su vendetta. Y David De Gea se la ha servido en bandeja de plata.

Van Gaal está molesto con De Gea por rechazar sus invitaciones públicas y, como al otro lado de la trinchera se encuentra el Real Madrid, ha decidido juguetear con la negociación. Le ha pedido a Richard Arnold, CEO del Manchester United, que no lo malvenda como una baratija, y al club más rico del mundo (certificado por la consultora Brand Finance) tampoco le molesta mantener a su portero una temporada más aunque deje de ingresar 25 o 30 millones. El técnico de los diablos rojos ha ordenado endurecer la negociación: 40 millones como punto de partido y no sacar la bandera blanca hasta que Florentino Pérez les comunique cuánto cuesta Sergio Ramos. Batir el mercado en busca de un sustituto del guardameta español no es problema para el United. Hasta el momento suena el holandés Jasper Cillesen, con la incógnita de qué versión enseñará Víctor Valdés; pero, al fin y al cabo, De Gea no deja de ser otro actor más en la fijación maniática de Van Gaal. Quizás sea verdad que su antimadridismo le delata.

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