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El reloj de arena

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Hubo un tiempo que los patrocinadores de Roger Federer sugirieron al ex número uno mundial que cualquier resultado que fuese no ganar torneos suponía un fracaso. En pleno apogeo de su carrera, el tenista suizo se aceptó la advertencia como un reto porque Mercedes Benz, Rolex y Gillete querían anunciar al deportista perfecto, sin fisuras. Sin embargo, la eclosión de Rafa Nadal y su mítica victoria de Wimbledon devolvieron a Federer a la más cruda realidad: se había exigido a sí mismo una presión sobrehumana. Rafa Benítez se decidió por el Real Madrid consciente de que su proyecto se construiría a contrarreloj; el marrón de relevar a Ancelotti después de un año aciago, y con el crédito de la Décima vencido el pasado 30 de junio, borraban de un plumazo la paciencia metódica que siempre ha pedido a sus directivos. “En el Real Madrid ganas o fracasas: nadie se acuerda de los subcampeones”. Manolo Sanchís sabe perfectamente lo que dice porque ése es el “adn de la grandeza” del club. El nuevo año cero del Real Madrid tiene demasiado margen de mejora pero está amenazado por un reloj de arena. El último grano caerá cuando lo decida el tendido siete del Bernabéu, que anoche no transigió con Cristiano Ronaldo. Y mister Rafa no vive en una nube: reconoció que la puesta de largo del equipo le preocupó.

Le llaman resultadista y él responde con seriedad. No esconde que ganar por 1-0 le preocupa menos que un 5-4. “Tener el balón”, es la promesa simplona y envenenada que anunció en una entrevista a El País. Y no mintió. El Madrid del trofeo Bernabéu intentó sobar el balón, marearlo de banda a banda y sin la prisa de electrocutar al Galatasaray. Esa parsimonia inquieta a la grada, acostumbrada desde la época Mourinho a combates de cuerpo a cuerpo en los que casi siempre quedaba en pie el Madrid. Este equipo se esfuerza en bailar sobre el ring al ritmo de las piernas de Apollo Creed, pero el entrenamiento de pretemporada parece que ha agotado sus movimientos. El difunto Ramón Mendoza despidió a Radomir Antic con el Madrid liderando la Liga porque su fútbol le aburría a él, primero, y a todos los abonados. Cualquier aficionado que no viese el partido de anoche y haya esperado al resumen del telediario, concluirá que el equipo genera ocasiones por tierra, mar y aire. El trasfondo no es tan próspero de momento: la pelota rueda lenta, como si se deslizase por un tapete sudamericano, y el efecto sorpresa no existe salvo que se le ocurra a Isco. Porque Cristiano todavía está buscando la inspiración divina y Bale regresó a la posición que le da mil y patadas por la cabezonería de Carletto. A Benítez no le importa jugar con telégrafo, anunciando siempre el siguiente pase a la bota del compañero; quizá por eso, Marcelo se espabiló del sopor y probó con una virguería de fútbol-sala que disfrazó el trofeo.

La gran noticia para el Madrid es que Tony Stark aún no ha terminado el traje de su Iron Man al cien por cien de su capacidad. Es un destructor que apenas ha disparado dos cañonazos para intimidar. Y los jugadores tampoco juegan a tumba abierta en pretemporada por miedo a una repentina lesión. El maratón comienza el domingo en El Molinón, las depósitos de energía están llenos, pero la figura no está tan afilada como la de un keniata para adelantar rivales con una zancada estética. Todo lo contrario, este Madrid corre con zancos  y se ladea bruscamente como un elefante africano. ¿Paciencia? Sí, claro. El show acaba de comenzar. No obstante, la arena ya ha empezado a bajar en el reloj.

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