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Cristiano, la batidora

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Cristiano será “rico, guapo y gran jugador”. También, soberbio, chulo y arrogante. Y, para que no falte, inteligente, prudente y sincero. Todo mezclado en una batidora.  El producto final invita a pensar que el público se quedará más con el futbolista que con el personaje. Las consecuencias volcánicas que depararon la goleada del Calderón (4-0) y la ya antológica “tarima” de Kevin Roldán en su cumpleaños le inhibieron en su burbuja. Cero entrevistas, cero declaraciones y una ley de silencio que ha aborrecido las zonas mixtas del Bernabéu. Era su noche, la del récord, la de otro hueco en el museo del estadio. Y con esa ansia de pulverizar récords se presentó ante los enviados especiales. Siete meses sin dar la cara es demasiado tiempo sin lucir la imagen del Real Madrid, porque él es el icono publicitario-marketiniano del club. Anoche era su obligación (el club debió exigírselo antes) y, sinceramente, no defraudó a la prensa. Las rotativas se detuvieron a la espera de su comparecencia. Él es como él, lo puedes aceptar o no. Pero ése ya no es problema de Cristiano.

Nunca engaña delante de las cámaras. Antiguo feligrés del mourinhismo’, siempre va de cara para lo bueno y lo malo. Y para escarnio de los periodistas españoles, venía rebotado de una entrevista en la ESPN: “espero que me hagáis preguntas más inteligentes que el otro compañero”. Poco duró la recomendación. De repente, Piqué salió a la palestra con su agradecimiento al ‘rompetarimas’ colombiano. A continuación, la insistencia masiva de su silencio stampa. No se trata de hacer apología del estilo periodístico, pero sí del sentido común que habría construido una pila de cuestiones sobre la victoria, el récord y, al final, la obligada apostilla del silencio indefinido. Sin embargo, el canutazo comenzó con misiles y en esa guerra, el portugués no se achanta. Al revés, intenta devolver la pelota con un drive a la línea. “No hablo más porque las preguntas no son buenas”. No para el aficionado ni para el club, sí para perseguir titulares con letras capitales. Cristiano conoce nuestro juego de mesa: suelta un tópico para el relleno y, a continuación, lanza su tomahawk. El contraste entre el insípido “estoy feliz por el récord” y un alarmante “nadie sabe el futuro” delatan a un futbolista que, sin ser gran orador, sabe colocar su mensaje, a veces críptico. “Cuando no se habla es porque algo no va bien”. Sin más detalles.

El discurso de Cristiano, siempre volátil, siempre vendible, dejó un suspense que arrastrará hasta final de temporada. Un “soy feliz” y tres futuros inciertos. Quería escupirlo para agitar las tertulias periodísticas. Se irá, se quedará; minutos y horas de cábalas, falsas exclusivas y profetas de programas de madrugada. Y en esa guerra de trincheras entre CR7 con su escudo, y los periodistas, el motivo de su presencia pública se evaporó en pocos segundos. De mítico ‘7’ a mítico ‘7’, ha cogido a Raúl, pero ése no es el estado de la cuestión.  Insisto, Cristiano será “rico, guapo y gran jugador”. También, soberbio, chulo y arrogante. Y, para que no falte, inteligente, prudente y sincero. Todo mezclado en una batidora.

 

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