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La ropa sucia del vestuario

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“Me criticaban por no lavar la ropa sucia dentro del vestuario, pero es que llevaba tres meses lavándola y no se secaba nunca”. Ninguna frase describe mejor los eternos incendios de vestuario del Real Madrid como la del ocurrente John Benjamin Toshack. El galés convenció al presidente Ramón Mendoza de que su autoridad de hierro se impondría sobre el vedettismo de algunas estrellas, Hugo Sánchez por delante de todos. Más sonoro fue el caso de Guti, quien se atrevió a decir a la cara de otro presidente, Ramón Calderón, que ya bastaba de “soltar mierda por esa boquita”. Calderón había celebrado una ponencia días antes en la Universidad Villanueva de Madrid  y soltó lindezas como que el propio Guti seguía siendo una “promesa” con 30 años, que Beckham quería ser “actor de Hollywood”, y puso la guinda criticando que los futbolistas no pagasen ni cenas ni coches. Años después, la ropa sigue sin lavarse, manchada por la permanente pelea de egos, en salsa rosa o clave puramente táctica, como en el último affaire Benítez-Ramos.

La génesis del desencuentro viene del verano, con varios futbolistas merengues rebrincados por el despido de Carlo Ancelotti. Al fin y al cabo, Fabio Capello siempre tuvo razón: “La clave del Madrid no es ser buen entrenador, sino buen gestor de vestuario”. Y él, en su papel de Clint Eastwood en El Sargento de Hierro, construyó un barracón en Valdebebas, pero supo transigir cuando los capitanes le pidieron a gritos el regreso del defenestrado Beckham. Caso special one fue Mourinho, quien no dudó en sentar a Cristiano Ronaldo tras una rajada táctica y a Casillas por no compartir su exagerado maniqueísmo. El único que puede alardear de haber regateado al mourinhismo fue Lassana Diarra, a quien su técnico pidió que renovara ante la negativa continua del francés. Rafa Benítez escudriña hasta la última estadística que ignoraría la NASA; observa el fútbol como un algoritmo en el que resultado final no es lo único crucial. “¿’Amarrategui’? La gente no sabe que casi toda la primera parte la jugamos en la mitad de campo del Atleti”, justificó en El Partido de las 12. Sus contestaciones vienen guionizadas con dígitos; cualquier otra respuesta no sería suya. Y como bien matizó, a la prensa española nos gusta discutir si el apretón de manos fue firme o flojo, si Cristiano es el mejor jugador que ha entrenado, aunque Mister Rafa haya presenciado a otros prodigios de la genética.

Benítez abandonó la vieja Ciudad Deportiva de La Castellana en el periodo cretácico. Entonces, apenas un puñado de reporteros cubrían los entrenamientos sin la trabas de los departamentos de prensa; entonces, internet sólo era un proyecto gestado en Silicon Valley; entonces, el Real Madrid era el de las 6 Copas de Europa en blanco y negro. Décadas después, el nuevo look de Gareth Bale se difunde a la velocidad de la luz de Madrid a Alaska, pasando por Nueva Zelanda. Por eso, Benítez ha entendido en pocas horas que mentar a un futbolista para un cariñoso capón didáctico puede convulsionar al madridismo. Aunque muchas veces nos encarguemos de eso los ‘juntaletras’ (perdón). El entrenador no tuvo mala voluntad, pero ya sabe que delante de un micro no se pueden contar esos chascarrillos que se murmuran entre mano y mano de una partida de mus. Sin embargo, la ecuación no ha podido acabar de manera más incorrecta. A Sergio Ramos le ha superado la capitanía, no la veteranía. Como líder del equipo debió rebotar la pregunta capciosa, no devolverla frontalmente con un obús. Más carnaza para nosotros. Montada la telenovela, sólo había una solución: el apretón de manos. ¿Fuerte o flojo? Quizá sea lo que más interese a la gente, ¿no, Rafa?

 

 

 

 

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