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“Ponte detrás de Messi”

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“Busquets es innegociable en el doble pivote”. La cabezonería de Vicente Del Bosque terminó cuando Xabi Alonso se despidió en Brasil. Luis Enrique, por su parte, no ha tenido tanta paciencia: Busquets siempre ha confesado que su hábitat termina un puñado de metros por delante de la defensa. Ahí es donde encuentra oro y mirra. Sin embargo, su entrenador se empeña en usar el comodín por cualquier palmo del campo; a la antigua usanza, como el polifacético Miguel Ángel Nadal, de profesión central del Dream Team y de afición delantero centro en situaciones imposibles. La primera parte de Borisov fue la prueba de que el algodón no engaña: perdido de interior izquierdo y, mirando cómo Mascherano oteaba plácidamente la colina, Busquets ni siquiera se postulaba como la amenaza fantasma. El 0-0 del descanso tenía coartada, Luis Enrique no.

Busquets es el fontanero del Barça y, por eso, no figura entre los 23 candidatos para el Balón de Oro. A la FIFA no le conviene por estética elegir a futbolistas que se ensucian en el fango. Busi se embarra en el juego oscuro, ése que el equipo necesita entre bambalinas. Y aunque el BATE no requirió sus servicios, sí evidenció que el catalán sólo ha nacido para comerse marrones. Y a mucha honra. Como Neymar, que presionado en la condición de líder interino, ignoró el photocall con susmejores fintas y bicicletas. Suya fue la internada que acabó con asistencia a Rakitic en el balcón del área, y también facturó el segundo pase de gol. Y cuando los mentideros de Barcelona todavía dudaban si Neymar acabaría engullido por su egocentrismo (como le sucedió al ex madridista  Robinho), de repente imitó a Leo Messi. El vestuario azulgrana nunca ha sospechado del brasileño; simplemente refunfuñaba cuando quería la patente de todas las jugadas. De Neymar se cuentan demasiadas fábulas, cada una de ellas sellada con el prejuicio sobre su entorno juvenil. Su grupo de amigos, los ‘toiss’, suelen disparar los rumores de una vida disoluta; sin embargo, su verdadero círculo lo forman dos personas: su padre, Neymar, y el representante de toda la vida, Wagner Ribeiro. Un Jorge Mendes brasileño que controla cualquier promesa con ínfulas de Pelé.

“Eres carismático en Brasil, aprende ahora a ser líder en el Barcelona: ponte detrás de Messi”. Fue el primer consejo de Ribeiro a su futbolista minutos después de la presentación ‘hollywoodiense’ que le brindó el club en el verano del 2013. De hecho, Neymar nunca se avergüenza en confesarlo delante de un micrófono: “Messi es único y luego estamos todos para ayudar”, contó a Canal Plus después del Atlético 1-Barcelona 2 de esta Liga. Sabe que la pole position está reservada por los siglos de los siglos, o al menos hasta que D10S deje de rifarse los Balones de Oro con Cristiano. De momento, expediente cumplido: el Barça casi en octavos y Neymar gustándose como en el Santos, pero sin sentirse tan estrella de rock. Allí la táctica recordaba a la escena de Evasión o Victoria en la que, precisamente, el preso de guerra Pelé traza su jugada en una pizarra de portería a portería. El Barça es distinto a todo. Este Neymar también.   

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