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‘Tú me completas’

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“Messi no sería tan bueno sin Cristiano Ronaldo”. Ni Ayrtor Senna habría forjado su leyenda sin aquellos encarnizados duelos contra Alain Prost a trescientos kilómetros por hora. Como tampoco Sebastian Coe tendría eco mundial sin su duelo mediofondista con Steve Ovett. El inolvidable Mickey Goldmill abofeteó a su pupilo Rocky Balboa para decirle, a continuación, que nunca sería un verdadero campeón si no tumbaba a Apollo Creed. Un peso pesado del vestuario del Real Madrid suele comentar que, durante la época de Mourinho, las rabietas de Cristiano llegaban al extremo de tirar la servilleta al suelo en plena cena de concentración, con Messi haciendo diabluras por televisión en ese instante. Su rivalidad no le permitía distracciones, porque si su némesis se marcaba un hat trick, el portugués se exigía a sí mismo otro saco de goles. Por orgullo propio o espacio en las portadas, quizá ambas. Xavi Hernández es la CPU del fútbol: administra datos y los interpreta. Siempre hay que escucharle. Y cuando dice que “Messi no sería tan bueno sin CR7”, le añade la dosis de épica que necesita ese duelo de pistoleros.

El último Balón de Oro inmortalizó el grito simiesco de Cristiano delante de un Messi ensimismado, preocupado por sus famosas arcadas y el bajonazo físico provocado por una lesión mal curada. El reto para D10S (entonces, no tanto) estaba en el horno. Muhammad Ali, denostado en Estados Unidos y con la licencia de boxea revocada,  encontró su Rumble in the jungle en el Zaire con 32 años. Enfrente, el mejor boxeador del momento, George Foreman, siete años más joven. La moraleja del combate fue que el veterano Ali volvió a subirse a un ring para retar al que más pegaba.Y ganó. Con Messi sucedió lo mismo esta temporada: del infierno al cielo, de la crisis casi apocalíptica de Anoeta a la final de Berlín para dejar claro que sólo había un numero uno. Y un numero dos, claro. Jorge Valdano dice que los estados de Madrid y Barça son cíclicos. Cuando uno sube, el otro baja. No hay pedestal suficiente para los dos. Es la esencia de Cristiano y Messi; cada uno se motiva a costa del otro. El portugués no esconde que juega para ser el mejor del mundo, y así se lo cree; Messi nunca deja titulares tan ególatras, pero siempre tiene a CR7 en la recámara. Al fin y al cabo, la posteridad discutirá si Messi fue mejor o no que Cristiano por títulos y récords pulverizados. Y ahí de momento va por delante.

Tú me completas, le dice el majestuoso Joker de Heath Ledger a Batman. Las comparaciones siempre odiosas y que tanto nutren al periodismo, han colapsado las tertulias televisivas y radiofónicas, las charlas de barra de bar. Nadie habla de Messi sin mentar a Cristiano y viceversa. Y si, de repente, el hijo del madridista es fan confeso del archienemigo de su padre, la trama vale para una película. O dos, porque salió la de Messi, sin Messi, y poco tiempo después Cristiano, con Cristiano de superestrella. Dos rodajes diferentes para dos caracteres diferentes. Porque al público le gusta que Cristiano sea chulo y soberbio; de lo contrario, sería un CR7 de pega. Igual que ese Messi que apenas habla para el cuello de su camisa, revienta partidos a su antojo con un descaro que no se recordaba desde Maradona. Pero uno siempre con el otro.  

 

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