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La industria de Hollywood

“La grandeza del Real Madrid es que si no ganas, fracasas”. El ex presidente Lorenzo Sanz murmuró la frase con un habano en la boca en pleno éxtasis de la Octava de París. Aquel Madrid del cerdo volando de Toshack y el interino Del Bosque había recibido palos por tierra, mar y aire, incluido el unísono grito del Bernabéu ‘¡Lorenzo, vete ya! durante un vergonzoso 1-5 contra el Zaragoza. Pero la Champions es la competición fetiche en la que los blancos manejan como nadie el “tempo del torneo”, como dice Santi Segurola. Y la mejor medicina para aliviar la crisis (sí, todavía no ha terminado el ciclo) era darse un gustazo ante una presa facilona. Quizá el Malmoe no compita ni en la Segunda División española, a lo mejor ni siquiera aparece en otra fase de grupos, pero el mérito de estirar la goleada hasta ocho sólo está al alcance de pocos. O más bien de uno solo: Rafa Benítez. La goleada va mullendo el colchón de confort que necesita el entrenador. Rivales asequibles que esconden resultados peligrosos, porque, en cualquier momento, un resbalón imprevisto bordearía el abismo. Porque este Madrid siempre está a un paso entre el Elíseo y el infierno; del júbilo y el cataclismo. El maniqueísmo merengue siempre hasta el extremo, nunca en tierra de nadie. Debe ser su grandeza.

Ancelotti cuenta en una entrevista para Mediaset que el fútbol de hoy necesita un respiro. “En el Madrid no hay paciencia, empezando por el presidente”. Él, que ganó un Scudetto durante casi una década en el Milan, aceptó ser un funambulista sobre una vara entre dos rascacielos  cuando respondió a la llamada de Florentino Pérez. Y ése es el problema del club blanco: de ahora y de siempre. Su realidad transcurre a todo trapo, a un ritmo demasiado vertiginoso. Casi como la vida de Cristiano Ronaldo. Susana Guasch sintetizó en medio minuto el caos vivido en una pregunta a Benítez antes de ayer: “El fax de De Gea, diecisiete lesionados, la eliminación copera, el affaire Benzema, los viajes fugaces de Cristiano a Marruecos…para volverse locos”. Y, claro, Mister Rafa responde con el manual en la mano: “Todo se sobredimensiona”. La excusa de siempre. Entonces, ¿cuál es la grandeza de este Madrid: los títulos en las vitrinas o que se hable del club bien o mal hasta en la sopa?

El mítico Hugo Sánchez, que suele pasar largas estancias en California, afirmó una vez que el Madrid se mueve como la industria de Hollywood. “De repente, una superproducción aprueba cientos de millones para una película que luego fracasa en taquilla”. Gran ejemplo del Matador para describir cómo se fabrica el club entre bambalinas. La eterna urgencia de copas concibe cada proyecto como un clínex: a la mínima que se mancha, a la basura. Sería impensable una era Alex Ferguson en el Madrid. No hay tiempo para pegársela o empezar de cero con el mismo entrenador. Y no será por falta de presupuesto porque, como anunció el efímero ex presidente Fernando Martín ‘Martinsa’, “por dinero no va a ser”. Es ganar o morir. Juzguen ustedes si ésa es su grandeza.

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