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Gin tonic de moda

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Cruyff, Rijkaard y Guardiola agitados en una coctelera. El gin tonic de moda es este Barça que comparte los míticos rondos del Dream Team, los malabarismos de Ronaldinho y los bailes de Billy Elliot nacidos de la era Pep. El debate se traslada a la barra de los bares: ¿Laudrup-Stoichkov-Romario?. ¿Ronaldinho-Eto’o-Deco?, ¿Xavi-el mejor Iniesta-Messi? ¿O la MSN? El bienestar del vestuario, traducido en un grupo de colegas que hacen piña para cenar o visitar Port Aventura en familia, motiva estas sanas discusiones. En este país todos opinan de política, critican al Real Madrid y eligen a su Barça favorito. El de anoche masacró a un Valencia de cartón piedra, con piernas de plástico y corazón de madera. Al Blitzkrieg o ataque relámpago de los primeros minutos ni siquiera se le opuso una patada de respeto, cualquier gesto que delatara que ellos estaban allí. En un puñado de minutos Luis Suárez engatilló su Kalashnikov y twitter bulló de bromas y memes: la más original de las primeras fue Salvar al soldado Ryan; el meme fue el de Pepe Gotera y Otilio en plena reforma de los baños del Bernabéu. Por si al Barça se le ocurre insinuarlo como sede de la final.

La tormenta perfecta llegó en el primer gol de Messi: internada de Iniesta con pared a Neymar, taconazo en pleno giro del brasileño, amago de Luis Suárez y ejecución de Leo. Una jugada maestra de billar a cuatro bandas. De repente, los nostálgicos recordaron aquellos goles patrimonio de la humanidad: cítese la vaselina de Romario en El Sadar a pase aéreo de Michael Laudrup o cítense los 38 toques que pasaron por diez barcelonistas antes del primer gol de Luis Suárez en el último 0-4 del Bernabéu. Cualquier Barça, menos los de la época ominosa de Joan Gaspart sirve para pintar un cuadro con pinceladas de Van Gogh, Rembrandt y Monet, por elegir tres al azar. Hubo un tiempo en el que el madridista Roberto Carlos reconocía cada fin de semana que se divertían como niños en un parque (antes del galacticidio, claro); desde entonces, ni rastro de columpios por Chamartín. En Barcelona, las fiestas cambian de deejay según las tendencias: de las colas de vaca de Romario a la efímera manada de búfalos de Ronaldo; de los trallazos inteligentes de Rivaldo al sambódromo de Ronaldinho; de LEO MESSI en letras capitales a los juegos de magia Borrás de Neymar. Un Circo del Sol que siempre se prorroga en el Camp Nou.

Dice Michael Laudrup que “sólo el Barça puede tumbar al Barça”. Porque en la voluntad de Messi está hacer trizas el último hito de Arrigo Sacchi (dos Champions consecutivas): de él depende que el Barcelona levite o caiga en otro proceso autodestructivo como el que originó la crisis de Anoeta. Por eso, suena imponente para el mundo e impotente para los rivales que los azulgranas arrollen con D10S en plan ahorro. Y como siempre insistía Xavi Hernández, “el peor enemigo del Barça es la autocomplacencia”. Quizá entonces no todo pinte tan negro para el resto: si Ronaldinho se cansó del balón, ¿por qué no Messi, o Neymar, o Luis Suárez…o los tres juntos? En fin, consuelo de tontos. 

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