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Plan Renove

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Plan renove. Fue la expresión que utilizó Lorenzo Sanz cuando le preguntaron por la caótica temporada que borró de un plumazo a la pareja Valdano&Cappa. Aquel Real Madrid necesitaba fumigar el vestuario y nombrar a un general con puño de hierro. El elegido fue Fabio Capello, que entonces exigió sus fichajes uno por uno y, de paso, cobrar una peseta más que el futbolista mejor pagado de la plantilla. A Florentino Pérez no le gusta ser tan contundente delante de las cámaras porque, como presidente de una multinacional del Ibex 35, conoce el terremoto que origina cualquier decisión drástica. Mejor actuar entre bambalinas, preparando la lista negra mientras el Kalashnikov de Zidane guarda la última bala en la recamara: un disparo sólo apto para el mejor de los francotiradores. Y no parece que Zizou esté bien adiestrado para la misión. Varios ex jugadores merengues suelen comentar las lagunas tácticas del entrenador y deslizan en los cenáculos periodísticos vía Mesón Txistu y Asador Donostiarra que ahora mismo el técnico con más vocación es Luis Miguel Ramis, sucesor de Zidane en el Castilla.  Pero tampoco tiene experiencia, ni siquiera un nombre marketiniano que ayude a vender portadas. Su única oportunidad de entrenar al primer equipo empieza y acaba por ser un mero apagafuegos, como un desconocido llamado Vicente Del Bosque, coordinador de la cantera de la Ciudad Deportiva de La Castellana, durante la década de los noventa.

El club más rico de la lista Forbes ejecuta un plan económico anual digno de estudio en universidades como Harvard o Stanford, y toma decisiones deportivas como si las charlara en una barra de bar. Zidane no estaba preparado antes de Navidades, pero el hartazgo del vestuario con Rafa Benítez precipitó su ascenso. Él, por supuesto, anunció que estaba preparado; el gremio de entrenadores todavía le veía en un póster voleando el gol de la Novena. Y ha sido Simeone el que ha acabado por incendiar las discusiones de salita y redes sociales. De repente, el equipo siderúrgico de estilo plomizo maniató al fino estilista hasta ponerle una camisa de fuerza. Acorralado en un callejón sin salida, sin intercambio de posiciones o cambio de pizarra, el Zidane más impulsivo confió en Borja Mayoral para conjurar la primera gran noche de Raúl González o, a escala inferior, de aquel José Luis Morales que levantó al Bernabéu en un derbi. Cualquier acto de fe que comulgara con la grada. La conclusión es que este Madrid presume de una  alfombra roja de Hollywood en la que los actores se quieren lucir en su photocall más personal. Manolo Sanchís resumió el debate futbolístico en una declaración: “El equipo que más media puntas tiene no juega con ningún media punta”. Isco y, sobre todo, James quedaron señalados porque, hablando en plata, es complicado jugar andando. No hay más preguntas, señoría.

El Bernabéu se cansó de buscar muñecos de pim, pam y pum, y se giró al palco. Ya no había un Ancelotti o Benítez de turno en los que descargar la bilis, y Zidane tampoco merece la guillotina en tan poco tiempo. El presidente ha repetido innumerables veces que sólo convocará elecciones si los socios se lo reclaman; la advertencia en el derbi fue el primer aviso. Con o sin elecciones,  y con o sin otros candidatos. la reestructuración se intuye absoluta. Por ejemplo, una dirección deportiva que detecte por qué no hay un lateral izquierdo que sustituya a Marcelo; o un delantero centro a la vieja usanza que resuelva un plan ‘B’ o ‘C’. Sin profesionales que se dediquen a rastrear el mercado y olfatear futuras promesas, no suena tan descabellado que Cristiano Ronaldo pegue esos fogonazos de proporciones bíblicas. No le falta razón en lo políticamente incorrecto: “Faltan los mejores y la pretemporada está mal planificada”. Radiografía perfecta de un enfermo. El Madrid, no Cristiano.

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