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Ni siquiera el Madrid sabe a quién quiere

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Thibaut Courtois fue protagonista sorpresa en las oficinas del Santiago Bernabéu durante unas semanas. Su padre y representante, Thierry, llamó varias veces a José Ángel Sánchez, director general, para sugerir su contratación. Consciente de que el Real Madrid todavía no había garantizado a Keylor Navas un dorsal fijo para la próxima temporada, y que el fax de De Gea quizá vuelva a llegar tarde, o directamente ni lo envíen, el portero del Chelsea necesita un equipo ganador y el Madrid asegurar unos guantes para un puñado de años. Courtois fue la primera opción del presidente Florentino por unos instantes, hasta que la COPE informó que el club mejorará el sueldo a Keylor en junio por méritos indiscutibles. El Madrid de hoy sobrevive por las paradas del costarricense y los goles de Cristiano, recordando aquella apoteosis galáctica de Iker y Ronaldo (el brasileño). El guardameta merengue trabaja hasta la extenuación en Valdebebas, partido a partido como el Cholo, sin alzar todavía su mirada a la planta noble. Y aunque no lo sepa, su profesionalidad alivia a la directiva de otros casos embarazosos, como los de Özil y Di María. El padre del alemán forzó su venta al final de la era Mourinho, después de que su hijo mezclara en un cóctel molotov vaguería y falta de compromiso. Sus mejillas rollizas con la camiseta poca empapada delataban sus vicios nocturnos. Di María retó a Florentino y le pidió un contrato desorbitado; pensó que había sido el héroe de la Décima (desde luego, se echó el equipo a la espalda) y que merecía cobrar como la élite.

Keylor y su agente, Ricardo Cabañas, saben que el Madrid no negocia renovaciones a mitad de temporada, pero Zidane ya ha comunicado a sus superiores que le gusta su portero para el próximo proyecto. Courtois se quiere ir del Chelsea sin esperar a que Antonio Conte, próximo entrenador blue, le intente convencer en cinco minutos o con más ceros en la cuenta bancaria. A De Gea aún le retumban las palabras de Jorge Mendes la medianoche del 31 de agosto, justificándole con resignación que un problema burocrático había frustrado su fichaje. Él lo ha tenido que aceptar reivindicándose en Old Trafford con paradas imposibles ante una afición que le adora y ansía que José Mourinho le retenga en Manchester. Su destino no se jugará al Monopoly, porque no se trata de quien ponga más pasta, sino que es un misterio de Cluedo. De Gea no quiere seguir con Van Gaal; Mourinho no le soltará al Madrid con ligereza, y Zizou no se va a desvivir por él.  Ni siquiera el Madrid sabe a quién quiere la próxima temporada. La sombra del mejor Casillas sigue siendo demasiado alargada. Empecemos por ahí.

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