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La alfombra roja de Hollywood

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Es la moneda al aire que puede caer hasta de canto. Demasiado talento y muy poco equipo; con esta credencial quizá el Real Madrid gane otra Champions, pero seguramente perderá otras siete Ligas. Los primeros 45 minutos delataron a los ojeadores del club: ni un solo vídeo del Wolfsburgo, ni una estrategia para averiar a los alemanes. Dio la sensación de que la épica victoria del Camp Nou tenía premio doble: resucitar y sumar media victoria en Alemania. Sin embargo, la Champions es muy traicionera y nadie mejor que el Madrid debería saber que en su competición todos pelean como si no hubiera mañana, a tumba abierta. El Wolfsburgo es un equipo de media tabla de Bundesliga que ha convertido la Champions en su cuento de hadas. Y a falta de fútbol, la velocidad no se la quita nadie. Julian Draxler y Bruno Henrique recibirán este jueves llamadas de media Europa porque cualquier plantilla necesita velocistas. Draxler es el que vende las camisetas en la fábrica de la Volkswagen y, desde ayer, quien talla los trajes a Danilo. Por tierra, mar y aire le superó, con y sin balón.

El lateral del futuro, así le vendimos sin verle (las cosas de los periodistas), quedó hecho trizas en un puñado de minutos, los que tardaron Draxler y Arnold en hacerle la ‘trece-catorce’. Danilo todavía no se ha enterado de que jugar en su puesto supone defender y atacar en una especie de pinball; su problema es que ni mete la pierna ni levanta la pelota en los centros. Sus gestos recuerdan a aquel ‘Bolo’ Zenden del Barça que no metía ni una en el área. Danilo no fue el único que pasó por el cadalso. Sergio Ramos inquietó a su propia defensa con errores de patio de colegio y Casemiro no sacó la máquina cortacésped. De repente, la medular merengue fue engullida por el Wolfsburgo. Y cuando Modric arrastra su peor versión, la gripe no la cura ni el mejor Cristiano Ronaldo. Haciendo de abogado del diablo, un penalti tan riguroso como la expulsión de Fernando Torres desquició al Madrid toda la noche. Ni siquiera un amago de ese vendaval que proponen los blancos durante un rato; y eso que a Bale se le notaba escurridizo, con los músculos tersos para preparar la zancada. Nada importó porque cuatro meses después el plan sigue siendo que no hay plan. Y el claqué que quiere bailar Zidane necesita el aprendizaje de unos pasos; no se trata de desenrollar la alfombra roja de Hollywood para que se paseen las estrellas. A esta hora la incertidumbre agobia demasiado al madridismo, ¿cuál es el Doctor Jekyll y cuál es Mister Hyde?

Por si acaso, el hijo del mito Juanito, Roberto, advirtió en twitter que no molestemos al espíritu de su padre. Suena poco práctico porque el famoso Madrid de las remontadas se extinguió hace décadas, aunque siempre es un recurso para la prensa satélite del club. La cabeza de Santillana y los quiebros de Butragueño son desempolvados de las hemerotecas para abonar la remontada. Cualquier motivo para sobreexcitar al madridismo. Y seguramente sin Benzema, para que el salto con triple tirabuzón sea completo. El Madrid sacará el ataque relámpago en los primeros minutos y si su combinación de puñetazos todavía no noquea al Wolfsburgo, entonces Zidane deberá sentarse delante del tablero de ajedrez. Pero para eso, hay que trabajar la eliminatoria en Valdebebas; sopesar si el defenestrado James tiene hueco para la épica y si Kroos es tan imprescindible como Zizou nos quiere hacer creer. Cosas sin lógica, como Danilo.  

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