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Los puñetazos de Tyson

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Con la pegada de ‘El Terror del Garden’, el Madrid se metió en semifinales. No baila al blues del Barcelona ni presume del bloque granítico del Atlético de Madrid, pero los puñetazos de Tyson sólo se ven en el Bernabéu. A falta de jugadas de videoteca, al equipo le basta con una ráfaga de metralla, un pim, pam, pum para noquear al esparrin que suba al ring. Zumbar al Wolfsburgo era una obligación, pero cualquier otro semifinalista exige picar en la mina. Hablando en plata, que Bale y Cristiano (sí, el ‘Bicho’), no se queden pasmados arriba cuando el resto sufre con el agua al cuello. Dicen que es una remontada histórica porque los últimos intentos habían frustrado el espíritu de Juanito; en ese caso, aceptamos pulpo como animal de compañía. Fue la comunión del semidios del madridismo con la grada; del sospechoso runrún a la ovación más atronadora; del hay que  venderle por una pasta gansa a CR7 forever.  Y aunque la odiosa comparación con Messi le hierva la sangre, el portugués arrasó el debate de la calle, si es que aún lo había: sí, es el mejor futbolista de la historia del club, que no significa que sea el más importante. Porque ahí entran los folclóricos con Di Stéfano y los puristas de Raúl González.

A Cristiano le preguntaron en zona mixta por qué nunca descansa. “Estoy bien, no hay motivo para parar”. Lo dice el mejor profesional de su oficio; entregado al culto de su cuerpo mañana, tarde y noche; obsesionado con romper la barrera del sonido y sacudirse las habladurías de segundón. Un ex peso pesado del vestuario cuenta que durante las dos primeras temporadas de Mourinho, su fijación con ser el número uno llegaba a límites insospechados. Por ejemplo, estar cenando durante una concentración viendo al Barça en televisión, y tirar la servilleta al suelo instantes después de un gol de Messi. Y aunque su egolatría le ha causado odios por muchos campos, ese ansia de superación mantiene su voracidad de tiburón blanco, sin que ningún Jefe Brody lo arpone. Hace dos semanas encasquilló demasiados fusiles en el Camp Nou, anoche le demostró a Florentino Pérez una teoría peligrosa para un club de casi 600 millones: el Madrid es Cristiano por tierra, mar y aire. Y sin él, se asoma al Apocalipsis. Aunque lo misma dirán los merengues del Barça sin Messi. Sólo la estrella lusa podía evitar el cataclismo del club y las supuestas terribles consecuencias en la planta noble del Bernabéu.

Por cierto, partido horrible del Madrid que le vale para tumbar al Wolfsburgo que todos querían. Suena de chiste que la ida acabase en zozobra con una defensa que, lejos de tener fiabilidad alemana, se parece al cartón piedra. Demuestra que la psicología de los blancos necesita un buen rato de consulta en un diván. Cuando quiere y no se distrae, pasa por encima como una apisonadora, pero de repente viene el Málaga y le hace un brete. Lo decía el mítico Raúl en una entrevista con Jorge Valdano, “no sé por qué, pero la Champions nos evadía de todo. Y eso era muy peligroso”. Al fin y al cabo, desde que se extinguió la ‘Quinta del Buitre’ y su récord de cinco Ligas, el Madrid se ha acostumbrado a jugar a la ruleta rusa: o Champions o hecatombe. Sin término medio. Pero se divierte como nadie jugando a ser funambulista sobre el alambre.

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