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Primero dispara y luego pregunta

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No hubo pájaras en la subida al Tourmalet. Los tres escapados ni siquiera se miran de reojo; casi que pedalean con plato grande. El líder ha vuelto a pegar un arreón cuando ha sentido en el cogote el aliento de los otros; su descalabro sonaba a los de Jan Ullrich en aquellas peleas gloriosas contra Armstrong y el ‘Pirata’ Pantani. Pero el Barça se ha descubierto como la locomotora americana que, lejos de desfallecer, ha vuelto a imponer un ritmo brutal. El que ha querido y le ha dejado un Depor demasiado relajado. El 0-8 es la coartada perfecta para reclamar como accidente la derrota contra el Valencia. El campeón entró en barrena y salió de la crisis de la manera más contundente: asustando como Mike Tyson. Resulta que Luis Enrique, enemigo público número uno de la prensa y casi de la calle, quizá tuviese razón: no fallaba el físico sino la puntería, porque en Anoeta Gero Rulli salvó a la Real Sociedad y el pasado domingo Diego Alves se convirtió en Duckadam, no parando penaltis pero sí disparos por tierra, mar y aire. El Barça espanta fantasmas y Luis Suárez se declara ganador en el debate de quién ha sido el mejor de la MSN. Desde luego, el killer uruguayo no sólo destroza sus propios récords (ya lleva 50 goles esta temporada) sino que garantiza a su equipo el mejor delantero centro del momento. Golea y da asistencias, rechazando las teorías de los ‘falsos’ nueves. Calibró su Kalashnikov cuando más lo necesitaba, y en cualquier palmo del área ataca al balón como un velociraptor a su presa. Tendría su enjundia verle en un equipo de Guardiola, con tantos delanteros móviles que, de repente, cambian a media puntas o interiores. Suárez es el delantero que pivota en el punto de penalti para rematar hasta un microondas (bonita expresión de Jorge Valdano); fuera del agua se muere porque, al contrario que Benzema, él no entiende el fútbol como un mecano donde la jugada empieza a construirse desde la banda.

A Romario le preguntaron en O Globo quién era su favorito de este Barça. Y cuando todo el mundo intuía que tiraría de inercia patriótica con Neymar, el senador más transgresor del parlamento brasileño sorprendió con Luis Suárez. “Me recuerda a mí, con mi instinto pero sin mis regates”. O Baixinho sigue pendiente del negocio del balón y sabe que el club azulgrana compró la mejor semiautomática del mercado. El Camp Nou la disfruta, como lo hizo Anfield en el año que casi les devuelve la Premier League. Por eso, el mito del Liverpool, Kevin Keegan, avisó hace tiempo al barcelonismo:No saben de qué es capaz el monstruo”. Entre sus diabluras de extremo derecho y delantero centro, se sacó dos Balones de Oro. Al igual que Suárez, ‘Super ratón’ Keegan triunfó en la Premier alejado del estereotipo de tanqueta goleadora (tal honor le correspondió a J.B.Toshack). Los regates del uruguayo son una vintage de aquellas fintas del gran ariete de los setenta. Keegan cambió la idea simplona y folclórica de los inventores del fútbol, mientras que el uruguayo no ambiciona tanto, si acaso, un recuerdo como el de Hristo Stoichkov, de quien le han dicho que puede aspirar a lo mismo: un Balón de Oro. Casi nada. Luis plantea cada partido como un duelo en el Lejano Oeste. Dispara nada más recibir, sin pensar, sin imaginar el ángulo. Le da igual a bote pronto o en pirueta, remata el balón como Hugo Sánchez. Y cualquier aroma añejo siempre es bienvenido. Suárez es el goleador del momento, que dio pistas en Amsterdam y se consagró en Inglaterra. Si Football Leaks desvelase que el Real Madrid le tuvo tan a tiro…

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