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Alemania vintage

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Thomas Müller no es el mejor futbolista del mundo, pero sí es el mejor del mundo en lo suyo”. Jupp Heynckes habla en muy contadas ocasiones y cada discurso suyo llena auditorios. Van Gaal brindó a Muller su primera oportunidad y fue Heynckes quien disparó su meteórica carrera. Salvando las distancias, el media punta de la Mannschaft tiene cierto aire a Raúl González: su carrera es antiestética, su disparo no intimida y el regate es poco escurridizo. Pero siempre está ahí: rematando centros imposibles, abriendo en canal defensas de hormigón e inventando pases en medio metro cuadrado. Müller es el perfecto ‘falso nueve’, lo supo Guardiola y le imitó hábilmente Joachim Löw desde el pasado Mundial de Brasil. Las míticas selecciones del ‘Torpedo’ Müller, Klinsmann, Bierhoff o Klose han evolucionado hacia una coctelera en la que el propio Thomas Müller, Özil y Kroos han desengrasado un estilo tan mecanizado.

Alemania no juega al ritmo de Iniesta, pero de vez en cuando saca a pasear aquella apisonadora que destripó a Brasil en la mayor humillación del fútbol contemporáneo. Su fútbol suena muy vintage, con delantero centro, y no necesita galimatías tácticos para despistar al rival. El juego alemán del pim, pam, pum perdura por los siglos de los siglos. Dice Bernd Schuster, cuya renuncia a la selección todavía es considerada un sacrilegio en el país, que “Alemania es el Real Madrid de Eurocopas y Mundiales”. Quizá tenga razón, porque manejan el tempo de las competiciones como nadie y callan a su prensa crítica cuando se acaba el fogueo. Se sobreexcitan con pesos pesados y, como Muhammad Ali, eligen al boxeador del momento para decir ‘aquí estoy yo’. A pegada es imposible ganarle porque Löw confía ciegamente en la estructura metálica que empieza por Neuer y sostiene Khedira, el pivote innegociable del seleccionador. El ex madridista mantiene el don de la apariencia, paquete para España y un ídolo en su país. Es la diferencia entre ensayar con alevines una genialidad de David Silva, y la querencia germana por los trotones en las escuelas.

El efecto dominó de la infantería alemana provoca que Toni Kroos juegue sin corsé. En la Mannschaft Khedira desatasca cañerías y Krooos copia a Xabi Alonso. Sin mirar de reojo a su defensa, el madridista coloca pases de cuarenta metros y luce ese putt tan tan característico en su pierna derecha. Löw no traicionó la costumbre patria por tercera vez: del falso nueve contra Ucrania y Polonia, hoy hizo caso a la opinión pública colocando un boya en el área, Mario Gómez. Cualquier club de la Bundesliga construye su plantilla a partir de un delantero centro y un francotirador. Por eso, Guardiola fue un genio incomprendido. Alemania volvió a ser Alemania. 

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