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Rumble in the jungle

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Nunca se han dedicado elogios delante de las cámaras ni han compartido cenas familiares como Messi y Luis Suárez. Compañeros de vestuarios, se miran de reojo para saber quién tiene el ego más grande. Cristiano Ronaldo suspiró de alivio cuando Football Leaks flitró los documentos del fichaje de Gareth Bale: 91 millones y nos los cien redondos de los que presumía el dueño del Tottenham, Daniel Levy. El portugués seguía ostentado el P.V.P más alto del mercado; el galés aún tendría que reivindicar al Bernabéu la cifra astronómica que Florentino Pérez pagó por él. Viven en la indiferencia mutua: camaradas, pero no amigos personales. Su respeto recíproco es fundamental para que el Madrid no se resquebraje y alimente a la prensa más alterada con una colisión de trenes. Quizá el carácter británico de Gareth , ensimismado fuera de las Islas y un poco marciano comparado con el Cristiano más sincero, evite un fuego cruzado que en cualquier otra élite sería entendible. La temporada pasada Neymar no titubeó a pie de campo para confesar a Canal Plus que “Messi es un líder del que se aprende a diario”. No parecían declaraciones de corta y pega, porque ése fue el consejo de su representante, Wagner Ribeiro, cuando Sandro Rosell escenificó su llegada como un acontecimiento estratosférico. Bale no toma referencia de CR7, es un autodidacta que espabila por la brutal presión de su club. Y su agencia, Stellar Group, le maneja con paciencia estoica, midiendo cada paso para que tarde o temprano desfile por la alfombra roja de Hollywood.

Mañana Cristiano y Bale se saludarán sin efusividad antes del pitido inicial. En juego la historia de sus naciones y un Balón de Oro por medio. El afán de superación del luso recuerda al de Rafa Nadal, su ambición pública por ser el número uno es la de un futbolista exageradamente profesional. Gareth apenas chapurrea castellano y sus entrevistas todavía son cuadriculadas, sin aristas, políticamente correctas. “¿Que quién es mejor?, ¿pero qué pregunta es ésa?”, espetó con malestar Bale en una entrevista para El Partido de las 12. Su mano derecha es el agente, Jonathan Barnett, que le insiste siempre en hablar con las botas puestas, no para satisfacer a “todos esos tiburones de los tabloides”.  Esta última temporada habría sido galáctica de no ser por una inoportuna lesión en su mejor momento; aún así, el Madrid ha dependido en el último tramo de su velocista de 100 metros. Paradojas de la vida o del ocaso de cualquier futbolista, Bale exprime ahora las explosivas cualidades del mejor Cristiano: tomahawks y velocidad. En cambio, CR7 se fía de su instinto goleador, que sigue barriendo récords.  Mañana juegan Portugal y Gales, pero ese eslogan no vende ni una colilla. Cristiano vs Bale, un inesperado Rumble in the jungle. Dos pesos pesados que decidirán el combate a puñetazo limpio. No busquen más lecturas porque sus selecciones se cobijan detrás de sus espaldas. Es el reclamo publicitario que necesita la Eurocopa más descafeinada de los últimos tiempos.

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