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¿Higuaín da para más?

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Su apariencia desaliñada es la de una vieja leyenda en una pachanga de solteros contra casados. Siempre con la camiseta por fuera y el trote cansado, Gonzalo Higuaín parece un estorbo en la delantera, un paquete del montón para hacer bulto y que falla más que una escopeta de feria. No es una descripción plagiada de nadie, sino la muestra de un puñado de charlas de barra de bar, que no dan crédito a los 94.7 millones que pide el Nápoles por su inesperada estrella. Al otro lado del fuego cruzado, la trinchera de quienes defienden con estadísticas (36 históricos goles en el último Calcio) a uno de los mejores goleadores del momento. Con o sin permiso de Luis Suárez, el ‘Pipita’ se ha ganado un caché  sólo apto en el celuloide: quizás no tan alto, pero sí para provocar un culebrón veraniego de infinitas reuniones con la Juventus, en un toma y daca en el que el presidente napolitano, De Laurentiis, se remite a la cláusula y el club bianconero lo medita. Si Higuaín fuese español, habría reeditado el eterno debate de ‘Raúl sí, Raúl no’: goles decisivos ennegrecidos con fallos clamorosos como el mano a mano con Claudio Bravo en la final de la Copa América. David Gistau fue testigo directo del nacimiento de Gonzalo Higuaín en un River Plate-Boca Juniors del 2006. El ‘Pipita’ marcó dos goles (el segundo, escandaloso) y, eclipsado por el acontecimiento, el columnista preguntó a sus amigos porteños qué pinta tenía ese delantero: la respuesta fue un escueto ‘Pseé’.

Aquel joven imberbe que llegó al Real Madrid con ínfulas ‘maradonianas’ se hizo un hombre en Italia, la liga más puñetera para descerrajar defensas. Y el mérito de haber tumbado a mitos como Gunnar Nordahl o Batistuta merecía la llamada de los grandes. Por de pronto, el Atlético de Madrid, que ofreció “60 millones más dos jugadores”, según  De Laurentiis.  Pueden llevarse las manos a la cabeza y despotricar de las barbaridades de este negocio o, al contrario, razonar con lógica la propuesta rojiblanca: si el PSG pagó por Cavani 70 millones, por qué no subir a casi cien el P.V.P de Higuaín. En Nápoles, golea a su ritmo, sin que se le caiga el cielo a la cabeza por una crítica gratuita del dios napolitano. En efecto, Diego Armando Maradona ha fusilado con su verborrea mordaz a su compatriota, pero sus servicios al Nápoles le obligan brindarle cortesía profesional. Y eso que el ‘Pelusa’ nunca ha sido devoto de Higuaín. Ni de él ni de nadie. Cuando Maradona era seleccionador de Argentina antes del Mundial de Sudáfrica, solía organizar comidas en Madrid con su entonces yerno, ‘Kun’ Agüero, Fernando Gago y el ‘gringo’ Heinze. Quien nunca estaba invitado era Gonzalo. No le consideraba de su guardia pretoriana.

Higuaín nunca falla a una convocatoria albiceleste. La calle le ha intentado hacer vudú y en las largas y tediosas pláticas de sobremesa le han despellejado. Sin embargo, no se atreverían a prescindir de él, porque tan pronto la caga a un palmo de la portería como ejecuta una jugada de espaldas imposible. De aquel Higuaín que se quedó ciego en la fatídica noche del Lyon a éste que remata melones y choca su cuerpo con centrales de casi dos metros, han transcurrido varias vidas. En el Real Madrid se peleaba con Benzema por complacer a Mourinho; en Nápoles le reclaman madera de semidios. Y en un club donde ganar y fracasar no van de la mano (no es la Juve), Higuaín se siente a gusto. Intentar escalar otro ‘ochomil’, como en Madrid, quizá provoque que se vuelvan a acordar de su madre.

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