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El Rey León enjaulado

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“Fernando es el tipo de delantero que siempre hemos buscado: dueño del aire y sutil con el balón”. La carta de presentación con la que Antonio Conte describió a Llorente en la sala de prensa del Juventus Stadium el 01 de julio de 2013 revolucionó los noticiarios italianos de aquella noche. La Juve es el Madrid de Italia y un fichaje cocinado durante más de un año en las oficinas de la familia Agnelli se eleva a debate nacional. El ostracismo en Bilbao con el ‘Loco’ Bielsa había merecido la pena; las broncas ensordecedoras de San Mamés ya eran pasado. El ‘Rey León’ quería títulos y su talento lo reclamaban los grandes de Europa; entre ellos, Florentino Pérez. Firmó cuatro años, pero nunca se habría imaginado sentirse como en un sumidero de Bangladesh antes de que expirara ese contrato. Es el Fernando Llorente de este verano, repudiado por su propio club, el Sevilla, y resignado a sacar lo mejor de sí mismo para convencer al tozudo Sampaoli. Cualquier equipo necesita un boya de waterpolo que remate hasta un microondas y trague con el trabajo de alcantarilla o, dicho en cristiano, partirse la cara con los defensas. El riojano es el currículum perfecto, pero los goles son otra película. Ibrahimovic cuenta en su biografía Yo soy Zlatan que en su primer encuentro con su actual agente, Mino Raiola. éste le mostró una pila de papeles con las estadísticas de los mejores goleadores de Europa: Thierry Henry, Trezeguet, Inzaghi…todos dejaban al sueco del Ajax a la altura  del betún. La contestación chulesca de Ibra fue: “El fútbol no son sólo goles. Te lo demostraré”.

Llorente no redondeó una cifra de goles como Romario en el Barça (prometió treinta y los clavó). Su escultural figura e imponente altura intimidarían a los férreos zagueros italianos; como dice su hermano, Chus, “cada entrenamiento con la Juve era una prueba de supervivencia”. Debía ser el mejor cabeceando, de espaldas, desmarcándose y, de postre, una extenuante sesión de gimnasio. Creyó que el Calcio le curtiría como a un soldado espartano, pero Massiimiliano Allegri le dejó claro que sin goles no habría futuro. De repente, llegó Morata, escasearon los minutos y al león se le nubló la mirada. El David de Miguel Ángel se quedó petrificado; Turín era un sueño roto, la Premier un sueño idílico y regresar a España la terapia más rápida para recuperar la autoestima. Fue Unai Emery quien propuso su fichaje a Monchi por la urgencia de cubrir el hueco de Carlos Bacca. La puesta en escena fue un Sánchez Pizjuán medio lleno y un Llorente con ganas de colocar testarazos en las escuadras. Las plantillas de Emery reúnen mucho músculo y una tanqueta era la artillería pesada que necesitaba para completar el vestuario. Pero otra vez de cien a cero en un pestañeo; la efervescencia del principio convertida en un martirio que provocaba el murmullo de la grada sevillista. Innumerables dudas en la cabeza de Fernando: ¿cuál era la causa de un desierto tan kilométrico?, ¿eterna mala suerte?. Por descarte, no hay razones para el despiste: se casó y dejó de provocar el llanto desconsolado de adolescentes que veían en su belleza a una estrella del pop. Tampoco perdió el tiempo en desgastarse ante la prensa: ni una mala crítica, ni un dardo subliminal. Tan sólo importaba que sonara el despertador cada mañana y a entrenar a tumba abierta.

Sampaoli no le ha engañado. No cuenta con Llorente desde un principio porque prefiere manejar a gladiadores más escurridizos como Alexis Sánchez. Pero Monchi, genio en la compraventa de jugadores, no le quiere malvender. La Real Sociedad se interesó por él por una oferta irrisoria y  a él no le habría molestado renunciar a sus orígenes rojiblancos porque su mujer es donostiarra. Pero Llorente sueña desde hace tiempo con pisar Inglaterra y levitar en cada córner cerrado, en cada saque de banda made in Premier. Las faltas en el centro del campo son media ocasión de gol y no hay reto más excitante para un delantero acostumbrado a devolver melones con la cabeza. El sueño estuvo a punto de cumplirse la semana pasada porque el Swansea quería a otro fornido John Benjamin Toshack (héroe histórico de jugador y entrenador en el club galés). Pero el Sevilla rechazó la oferta de siete millones para cabreo monumental de Fernando. No rajará, pero ahora mismo sólo puede hacer una cosa en la jaula: ¡¡¡Riiiiing!, suena el despertador. Hora de entrenarse.

  

 

 

 

 

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