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Primera lección

image.jpgPaul Scholes tenía razón en su entrevista al Daily Mail de esta semana: quizá sea más divertido ver al Salford City de la Séptima División inglesa que a este Manchester United. Desde luego, Old Trafford dejará de ser por un tiempo el ‘teatro de los sueños’ porque a su entrenador apenas le importa. Ganar por lo civil o lo criminal sigue siendo el reto y la táctica de la famosa presión alta es una obsesión que el vestuario tardará en entender. Al menos, Mkhitaryan y Lingard, señalados a dedo por Mourinho para justificar el baile de Fred Astaire que se marcó el City en la primera parte. En el duelo de estilos tan vaticinado por la prensa, Guardiola fue fiel así mismo pero sin fanatismos, porque ahora entrena en la Premier y de vez en cuando hay que usar el patadón y tentetieso. Así nació el gol de De Bruyne, desde un pase largo de Kolarov y entre las calamidades de una defensa de cartón piedra. Mourinho no se lo creía porque está acostumbrado a blindar su portería con tipos duros como Terry y Cahill. Y mal empieza delante del micrófono, reclamándose el papel de Dios Ra al que sus sumisos no adoran lo suficiente.

Los aficionados citizens llenaron todos los pubs de la ciudad hasta altas horas de la noche. Fue un derbi diferente porque su equipo por fin juega al fútbol. Una cuestión tan simple que los petrodólares no supieron solucionar con Roberto Mancini y Pellegrini. El City de la semifinal del Bernabéu rompió el cristal nada más mirarse al espejo; el de Old Trafford es el candidato número uno de la liga. Y de haber estado ‘Kun’ Agüero, el United habría sufrido un viernes 13. El método Guardiola puede ser quisquilloso, demasiado rígido y a veces más complejo que armar un reactor nuclear, pero garantiza un curso completo de entrenador. El balón es un modo de vida, mientras que en el universo Mourinho tan sólo queda en anécdota. Por eso, Gündogan tiene ganas de entrar en ese patio de colegio y el extravagante Fellaini ha sido repescado como titular. Mientras Mou conserve la artillería pesada, tumbará enemigos a cañonazos, sin estrujarse el cerebro en imaginar jugadas. Le encanta la Premier porque es de fabricación casera: un puñado de pelotazos al pecho de Ibrahimovic y asunto liquidado. Al fin y al cabo, el portugués no miente a los periodistas cuando les insisten en no mirar el pasaporte de Zlatan.

El United no fue destripado en un rato por las manos de mantequilla de Claudio Bravo. Cuando todo su equipo estaba concentrado, él se liaba en cada balón aéreo. El dosier de fallos demuestra el calvario que supone la Premier para los porteros. Bien lo sabe De Gea, que sufrió en sus primeros años la mofa de la prensa británica con aquel apodo de Calamity De Gea. Pero a Bravo no se le recuerda un partido tan estrepitoso desde sus tiempos en la Real Sociedad. Quizá sean los nervios del debut tan precipitado o que en Inglaterra si no mides 1,90 estás muerto. El caso es que, preguntado después del partido, Guardiola reincidió en esas explicaciones marcianas que nadie entiende para defender su fichaje exprés. Un mal menor en un sábado apoteósico para el City. Sí, el Leicester es el campeón, pero Guardiola quiere demostrar que los accidentes no suceden dos veces. Normalmente gana quien mejor juega. Como dijo Mourinho, “es simple”.

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