Blogs

La clase media del Bernabéu

 image7.jpg

Hacía demasiado tiempo que un entrenador del Real Madrid no ojeaba el banquillo para arreglar averías. Desde los “mismos once cabrones de siempre” de J.B. Toshack a los galácticos agotados de Carlos Queiroz, en los que Santi Solari fue el único banquillero de lujo. Tampoco Del Bosque pudo escapar de algunas plantillas famélicas para lo que demanda el club; de hecho, hubo un año en el que las perchas no le llegaron en la delantera y apostó por Guti como punta de lanza. Zidane ni siquiera debe entrar en el laboratorio: dos peones por puesto siempre es el primer reclamo en la lista de la compra, y el Madrid le ha obsequiado con un vestuario generoso, hasta el punto de que en la planta noble del Bernabéu están tranquilos con la sanción FIFA porque la plantilla tiene cuerda para rato (información, no opinión). El Sporting de Portugal puso a prueba esa tranquilidad y, de no ser por las típicas noches de taquicardia en el Bernabéu, Florentino Pérez dejará de ser por un tiempo el azote de los próximos mercados. Sí, el Madrid tiene plan A y B, y con más cantera que cartera. Aquella clase media de la que hablaba Míchel Salgado reaparece en clave hispánica con Morata y Lucas Vazquez en modo destroyer y sin miedo a las estrellas de rock.

Casemiro pone la argamasa a una medular que, de no ser por él, anoche se habría hecho trizas en sesenta minutos. El Sporting sigue cumpliendo la bendita manía de jugar con extremos, rara avis en estos tiempos, y a Marcelo le tocó el marrón de taponar a Gelson Martins, rápido, escurridizo y que dejó el talento defensivo del brasileño a la altura del betún. Le rendimos pleitesía durante la pretemporada porque ataca más, incluso que Benzema, pero Marcelo está cogiendo los vicios del último Roberto Carlos, que se sentía más media punta que lateral. Pero volvamos a Casemiro y su oficio de fontanería: nunca desfilará por la alfombra roja de Hollywood, pero cualquier entrenador le necesita casi antes que a un buen portero. No sólo tiene que cumplir su trabajo, también hace horas extras para cubrir el de los demás; por de pronto, cuando Toni Kroos se olvida de su precisión alemana y Modric coge la batuta  de Herbert Von Karajan en campo contrario. Case no necesita una palmadita en la espalda, mientras su nombre aparezca en la pizarra del vestuario.

Tampoco Lucas Vázquez pide aduladores que le taladren el oído. Su juego voltaico despierta hasta un Cristiano Ronaldo todavía miedoso de la lesión. No sólo Bale mete electricidad al Madrid, también esta el gallego sigiloso que nunca monta follón fuera del campo. Ya lo hace dentro cada vez que Zizou le pide voltear resultados. Justo lo que se le pide a Morata, híbrido de clase media y estrella, que no quiere asomarse desde la sombra de Benzema, sino golear como Hugo Sánchez, rematando al primer toque. El centro de James con escuadra y cartabón merecía el gol de Morata. El Bernabéu se incendió, le ovacionó y puso en órbita a Valdebebas. No todo es tanta Masía.

Comparte este post:
  • Meneame
  • Google
  • TwitThis
  • Facebook

Tags: , ,

Deja tu respuesta