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Dos regates mejor que tres

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“A veces dos regates salen mejor que tres, y una bicicleta resuelve la jugada mejor que dos”. Carlo Ancelotti insistió a Isco en que perdiese el miedo escénico del Bernabéu, que se imaginara flirteando con el balón delante de varios anfiteatros como lo hacía en los arrabales de Benalmádena, su municipio natal. El malagueño entendió que su público no aplaudía a los tímidos; al contrario les incordiaba con su murmullo ruidoso. Fue entonces cuando tomó la decisión de separar el grano de la paja, de ser simple y llanamente útil, pero con arte. Poco duró su convencimiento porque, en una entrevista para El Partidazo de COPE, el madridista ha confesado una autocrítica demasiado cruda: “Zidane no está siendo injusto conmigo. Si viene Ancelotti y no soy titular indiscutible; luego vienen Benítez y Zidane y tampoco, el responsable soy yo”. Cristalino y sin aristas, como si estuviese tumbado en el diván de un psicólogo, Isco necesita entrenarse como si no hubiera mañana para superar el temido casting: James, Marco Asensio y, en tercer lugar y a distancia sideral, él. Todos se esfuerzan entre bambalinas por si un día falla la innegociable BBC, y si Modric está KO, aparece un hueco en el que nadie de la calle pondría a Isco. Hagan la encuesta.

A Morata le preguntaron este verano qué compañero le había sorprendido en los entrenamientos y no lo dudó: “Isco conduce el balón como si lo llevara pegado en la bota con pegamento”. En un partido de fútbol-sala, su talento ganaría; en una cabina de teléfono, encontraría un resquicio para  sacar el balón,; en un rondo de Cruyff, nunca estaría en el medio, pero en este Madrid de pim, pam, pum, en el que el contraataque se explica en un puñado de pases, Isco no cuenta. Su sitio aparece en un plan B o C, cuando la BBC se oxida y Zidane necesita descerrajar defensas con un pase imposible o esos disparos curvos de Isco que, de vez en cuando, acaban en la escuadra. Es la opción más lejana para un plantilla que tiene suficiente artillería pesada como para asaltar el Fort Nox. James merece segundas oportunidades porque el pueblo ha hablado y aún no ha bajado el pulgar; Asensio de repente entusiasmó en verano y todavía es un proyecto en construcción; Isco quema cartuchos demasiado rápido sin sacar conejos de la chistera, mientras la grada silva (deseando a Silva) por hartazgo. Recuerda al primer Fernando Redondo, anterior a su eclosión con Fabio Capello y la Séptima, que agarraba el balón y le costaba horrores soltarlo sin sentido, en horizontal para cabreo de la grada.

Un ex futbolista de renombre del Madrid, ahora técnico de la cantera de Valdebebas, cree ciegamente que Isco habría encajado de maravilla en la ‘Quinta del Buitre’ en el papel de Martín Vázquez. Sabe dar esas pinceladas circenses que arranca aplausos en el Bernabéu y, francamente, los blancos tampoco están dando muchos motivos para la excitación del pueblo. En su primera temporada (2013/2014) Isco pasó de recluta a general en un escuadrón nulo de ideas sin él. Ése es su estilo innato y Ancelotti lo sabía para su fútbol control.. Sin embargo, “ese grupo de atletas” (Guardiola dixit) se sigue enchufando con mil voltios y velocistas que tengan pista libre. En cambio, el media punta requiere el ralentí que tanto gustaban a Xavi e Iniesta; cocinar a fuego lento hasta encontrar el gusto adecuado. Isco sería titular en cualquier parte del mundo. El Madrid no tiene nada que ver.

 

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