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Un golfista en el Bernabéu

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De repente, un golfista en el Bernabéu que se llama Toni Kroos.  Su putt es una de las pocas maravillas que le faltaba por ver al público merengue; su dirección asistida no desmerece la de Xabi Alonso. Llegó en plena efervescencia mundialista del 2014 y, sin apenas trote de pretemporada,  se comió la pizarra de Ancelotti en aquella Supercopa de Cardiff contra el Sevilla. Jupp Heynckes le definió como una “proeza genética”, no del perfil velocista de Cristiano sino de un panzer que cubre cualquier palmo del césped. “Te pone un centro orientado de cuarenta metros al pie”, dijo Bernd Schuster; a lo que otro todoterreno alemán como Uli Stielike añade que “es un discípulo adelantado de Xabi Alonso, pero más atrevido en ataque. Te monta él solo las jugadas”. Una hoja de recomendación completa a la que sólo le falta la firma de Pep Guardiola. Precisamente, el técnico del Bayern intentó retenerle hasta que Uli Hoeness y Rummenigge le disuadieron de su idea. Guardiola estaba enamorado de un Kroos que no quiso ignorar la llamada del Madrid; desgraciadamente para el Bayern, sus dueños no pensaron lo mismo.

Minuto 15 de la vuelta de semifinales de Champions entre Madrid y Bayern en 2012. Cristiano marca el 2-0, resultado que metía a los blancos en la final de Munich. En medio del estruendo del Bernabéu, Heynckes llama a un imberbe Toni Kroos para que se acerque a la banda. “Dile a Basti (Schweinsteiger) que cojáis el balón y entre los dos os pongáis a mover al equipo”. Dicho y hecho, Kroos se montó a la espalda toda una mole como el Bayern y repartió el balón de norte a sur y de este a oeste. Poco a poco, los bávaros se sacudieron la estampida inicial del Madrid y Kroos se doctoró en master de liderazgo y motivación en uno de los estadios con más solera. Lejos de arrasar en ventas de la tienda oficial del club, Kroos ha confirmado que es tan “esencial” como reclamaba el legendario Effenberg cuando el Manchester United ofreció 40 millones por su fichaje. Si James Rodríguez fue consecuencia del éxtasis mundialista por un golazo estratosférico a Uruguay, Kroos ya estaba cerrado antes de Brasil: con o sin Xabi Alonso, el presidente Florentino y José Ángel Sánchez habían elegido a dedo a su futuro arquitecto.

“Kroos no se anda por las ramas, coge el balón y lo pasa cortito y al pie, o cambiando el juego de un lado a otro”. Es la descripción del ex portero y campeón mundial Bodo Illgner, hoy comentarista de Bein Sport para Liga española y Bundesliga. Todos los grandes futbolistas coinciden en su gran prestación: el Bernabéu le rinde pleitesía cada vez que suelta un pase cruzado de banda a banda, o un centro milimétrico de treinta metros al pecho de un compañero. Su simbiosis con Modric es cuasi perfecta porque desde hace tiempo el madridismo soñaba con una pareja versión 2.0 de la que formaron Seedorf y Fernando Redondo. Y eso ya no son palabras mayores. Dice Schuster con su habitual tono medio vacilón medio bromista que Kroos será su “alter ego cuando pierda toda la vergüenza”. Quizá lo diga en serio, con Bernd nunca se sabe. Sin embargo, Alemania sigue buscando a su nuevo Lothar Matthäus y el madridista es el primero de la lista. 

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