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Uno de los nuestros

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“No me enfado por no ser titular. A mí me gusta jugar, pero firmaría jugar menos y ganar siempre”. El madridismo se acordaría de Álvaro Arbeloa  de no ser porque otro Álvaro tampoco ha escondido nunca su religión. Hombre de club, uno de los nuestros (como diría Mourinho), a Morata le toca resolver marrones a contrarreloj. Con el agua al cuello y ese runrún permanente de que apenas golea, volvió a solucionar el galimatías táctico de Zidane. Es el único delantero clásico del equipo, el que remata hasta un microondas si hiciese falta.  A diferencia de Benzema, Morata dispara, primero, y luego pregunta. La presión del Bernabéu es un juego de niños que aprendió en la Juventus: “yo ya superé la ansiedad”, dijo después del partido. Ahora le toca pelear a tumba abierta y demostrar a Zizou no que tiene el mejor fondo de armario, sino que lo mejor del armario es el fondo. O sea, él; o sea, Lucas Vázquez. La clase media que ve en un puñado de minutos la oportunidad de su vida. La BBC innegociable está bajo sospecha porque la grada no ve en ellos un Circo del Sol con el que quedarse alelado. Y la corriente más corrosiva del antimadridismo seguirá anunciando a un equipo en permanente Apocalipsis. Un amago de galaticidio en el que los P.V.P pesan demasiado.

Los pura sangres reniegan de cualquier crisis de juego. Su explicación es lógica porque el Madrid quizá sea el único equipo conocido que jugando mal, rematadamente mal y soberanamente mal, gana. El Athletic fue la prueba de que el algodón no engaña: en medio de la espesura y acostumbrados a caminar sobre el alambre por encima del abismo, los blancos regalaron al público el habitual minuto de éxtasis. Y si es de fabricación casera, mil veces mejor. El héroe local fue Morata unos pasos por delante de Iñaki Williams, que a lo Salinas, falló para varias noches de pesadilla. El Athletic no salió goleado porque la cabeza de Cristiano está en un desierto sin oasis. El estado físico no falla, sí su mentalidad ciclónica que arrasa cualquier récord que se propone. Cuatro partidos ciegos en casa le ponen en el disparadero de quien sólo contempla al CR7 Terminator, que si baja de la barrera de cuarenta o cincuenta goles, todo huele a basura. Ni siquiera piensan por un segundo que es el jugador más importante de la historia merengue con permiso de Di Stefano. Mala racha de un Cristiano que aceleró su pretemporada para no descabalgar al equipo y que ha ganado puntos fundamentales para no plantear esta Champions a vida o muerte.

En esa disección de la BBC, Benzema bajó del limbo por un rato pero sigue siendo monsieur empané; de repente, aparece en la línea de cal sin sentido, con ese ansia de construir jugadas como si fueran mecanos, y el ataque se diluye. En cambio, con Gareth Bale es fácil ser más paciente: no existe durante un rato y en un abrir y cerrar de ojos se marca un Usain Bolt para dinamitar defensas. El galés es el “atleta” de Guardiola necesario en cualquier equipo, incluido en el de Pep. Su potenciómetro va aumentando a medida que se acercan los fastos gordos. Así que no es prescindible en este momento; de lo contrario, hagan una encuesta en la calle sobre la BBC. Y llévense las manos a la cabeza. 

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