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Pegamento en la bota

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“La próxima vez no hagas tantos malabares con el balón y centra al área más rápido”. Fue el consejo de Fabio Capello a un imberbe Víctor Sánchez del Amo después de un Real Madrid-Depor del 97. El equipo blanco se había volcado al ataque con empate a dos, quedaba media hora de partido y en una contra Víctor intentó driblar defensas usando el comodín de las famosas bicicletas que Robinho patentó posteriormente. De repente, Mijatovic y Suker levantaron los brazos en el área esperando ese balón inteligente que nunca llegó. La reacción del entrenador merengue fue volcánica: saltó del banquillo como un resorte y sus aspavientos hacia Víctor se vieron hasta en la antigua grada del ‘gallinero’. Preguntado en la rueda de prensa, Capello aplaudió la actuación del canterano pero aprovechó la ocasión para darle una colleja: “Me gusta el fútbol práctico y Víctor tiene que aprender a serlo”.

Isco se reencontró con su ‘yo’ más apoteósico del Málaga de Pellegrini. Sin caer en ese barroquismo que desespera al Bernabéu, como cuando Fernando Redondo pasaba el balón en horizontal, las expectativas del malagueño han subido como la espuma hasta el punto de reducir a James a una versión liliputiense. Convirtió el derbi en un Circo del Sol cada vez que cogía la pelota. Sí, parece que la lleva “pegada con pegamento”, como suele insistir Morata, pero Zidane le pide que a ratos que la suelte más rápido para leer la jugada. Cuando lo consiga un puñado de partidos, hasta Zizou sentirá nostalgia del pasado, aunque suene a palabras mayores. Si Isco amaga rápido y traza pases con escuadra y cartabón, quizá entonces la BBC no sea tan innegociable. Lopetegui siente predilección por su canterano porque ama el tráfico ordenado de balón. Cuanta más movilidad, mejor; la práctica habitual de Iniesta. Y si entre medias corren los “velocistas” (Guardiola dixit), el malagueño inaugura autopistas. No es su estilo, pero entiende este arma de destrucción masiva que tan bien usa el Madrid. Si fuese delantero, tendría dejes de Butragueño: finta, cambio de velocidad y el balón escondido detrás del talón. Fútbol en extinción.

“Isco regatea en un metro cuadrado como Paul Gascoigne”. Es una cita de Antonio Fernández, director deportivo que le convenció para trasladarse de la cantera de Paterna al Málaga. Como en otros casos sonados, Unai Emery ignoró los kilates que tenía en la cantera y nunca le dio la oportunidad de sacar ese joystick de Playstation que colapsó al Atleti. Y para mayor escarnio che, el propio Isco pidió renovar al entonces presidente Manuel LLorente, pero éste no aceptó unas condiciones calificadas por él mismo como “inasumibles”. Fue en ese preciso momento cuando Antonio Fernández convenció a la familia Alarcón de que  en Málaga su hijo comenzaría la carrera por ser un Von Karajan del fútbol. Lo sabía Pellegrini, que le llamó personalmente por teléfono para ficharle para el City, y también Del Bosque, que le dio galones de jefe aunque delante de las cámaras le tratara como becario.

 

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